07 agosto, 2012

De cómo me llevaron al huerto



uy de mañana, antes de que todos despertasen, a la cocina bajé por tomar un café y, entrando en ella, todo el servicio miróme en silencio, que aunque acostumbro a madrugar, nada tomo hasta el desayuno tras haber hecho mis ejercicios diarios al fondo del jardín.

- Buenos días nos dé Dios, Excelencia – dijeron de consuno - ¿Habéis tenido buen descanso?

- Sin duda – respondíles -; sino que hoy me apetece tomar un café ¿Nadie ha notado la noche más fresca que en los días pasados?

- ¡A fe que sí se ha notado, Excelencia! – respondió Ramón llevándose la mano a la cabeza -. Ayer dormíamos con las ventanas abiertas y esta noche hemos tenido que taparnos. Este tiempo ha de volvernos locos…

- El aire fresco de la casa – apunté – a todas las estancias llega ¿A qué dormir con las ventanas abiertas?

- Siendo verano – respondió – la ventana cerrada no puedo ver ¡Me asfixia!

- ¿Se irá hoy al pueblo a hacer la compra? – pregunté a Cayetano mientras me servía el café -.

- Sin duda – aclaró -, pues no hay pescado fresco los lunes y alguno se comprará.

- Comprad pues algún pescado especial, que quiero hoy un almuerzo… distinto. Y he de decir que se anoten las recetas de lo servido pues Su Ilustrísima dice no saber lo que come.

- ¡Ay, Excelencia! – exclamó Ramón -. Por ello pido disculpas, que los nombres de los platos los pongo yo mesmo y creí se entendían.

- Bien los entiendo, Ramón – reí -; no es cosa sino de hombre de usos antiguos, como los míos, que en el yantar no quiere cambios.

- Pues al huerto voy a coger algunas verduras – respondió -. Si quisiéredes acompañarme veríais todos son frutos desta tierra.

E después de tomar el café e platicar otro tanto con todos ellos, llevóme Ramón al huerto y mostróme lo sembrado.

- Aquí veis, Excelencia – dijo tomando algunos frutos -; tomates cuidados con el mayor esmero. Mirad cuán apetitosos aparecen.

- Y esotro… ¿son pimientos?

- Y bien frescos y grandes e gordos e gustosos mas, aunque todos los días los pongo en la comida, hace tiempo que no me como un pimiento.

- Coged pues algunos dellos e fritos los ponéis enteros. Todos hemos de comernos algún pimiento.

- ¡Ahhh! – suspiró -; acaso no sabe Su Excelencia que de otros pimientos hablo.

- Sélo. Vayamos allí, al fondo del huerto.

Miróme con extraño y sabía yo lo que pensaba. Así, por allí anduvimos una pieza y mostróme otras sabrosas verduras.

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