uy de mañana, antes de que todos despertasen, a la
cocina bajé por tomar un café y, entrando en ella, todo el servicio miróme en
silencio, que aunque acostumbro a madrugar, nada tomo hasta el desayuno tras
haber hecho mis ejercicios diarios al fondo del jardín.
- Buenos días nos dé Dios, Excelencia – dijeron de
consuno - ¿Habéis tenido buen descanso?
- Sin duda – respondíles -; sino que hoy me apetece
tomar un café ¿Nadie ha notado la noche más fresca que en los días pasados?
- ¡A fe que sí se ha notado, Excelencia! – respondió Ramón
llevándose la mano a la cabeza -. Ayer dormíamos con las ventanas abiertas y
esta noche hemos tenido que taparnos. Este tiempo ha de volvernos locos…
- El aire fresco de la casa – apunté – a todas las
estancias llega ¿A qué dormir con las ventanas abiertas?
- Siendo verano – respondió – la ventana cerrada no
puedo ver ¡Me asfixia!
- ¿Se irá hoy al pueblo a hacer la compra? – pregunté
a Cayetano mientras me servía el café -.
- Sin duda – aclaró -, pues no hay pescado fresco los
lunes y alguno se comprará.
- Comprad pues algún pescado especial, que quiero hoy
un almuerzo… distinto. Y he de decir que se anoten las recetas de lo servido
pues Su Ilustrísima dice no saber lo que come.
- ¡Ay, Excelencia! – exclamó Ramón -. Por ello pido
disculpas, que los nombres de los platos los pongo yo mesmo y creí se
entendían.
- Bien los entiendo, Ramón – reí -; no es cosa sino de
hombre de usos antiguos, como los míos, que en el yantar no quiere cambios.
- Pues al huerto voy a coger algunas verduras –
respondió -. Si quisiéredes acompañarme veríais todos son frutos desta tierra.
E después de tomar el café e platicar otro tanto con
todos ellos, llevóme Ramón al huerto y mostróme lo sembrado.
- Aquí veis, Excelencia – dijo tomando algunos frutos
-; tomates cuidados con el mayor esmero. Mirad cuán apetitosos aparecen.
- Y esotro… ¿son pimientos?
- Y bien frescos y grandes e gordos e gustosos mas,
aunque todos los días los pongo en la comida, hace tiempo que no me como un
pimiento.
- Coged pues algunos dellos e fritos los ponéis
enteros. Todos hemos de comernos algún pimiento.
- ¡Ahhh! – suspiró -; acaso no sabe Su Excelencia que
de otros pimientos hablo.
- Sélo. Vayamos allí, al fondo del huerto.
Miróme con extraño y sabía yo lo que pensaba. Así, por
allí anduvimos una pieza y mostróme otras sabrosas verduras.



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