o pasaba momento ni día en que no pensase solución al entuerto que sabía vendría e, así como lo pensaba, a Marcos preguntaba; mas mi él ni yo encontrábamos camino que tomar.
En el cubierto del jardín estábamos sentados esta mañana, de medio día, tomando un buen vino, viendo a los niños en su baño – más temprano que otros días – y sin dejar un momento tales pensamientos.
- En verdad os digo, Marino, que más vueltas no deberíamos dar a esta noria, pues del vino y de las vueltas empiezo a tener náuseas.
- Mejor es prevenir – repetí como en otros momentos -, pues seguro estoy de que no es lejano el día. Acaso fuese mejor dejar descansar muestras mentes e retomar el asunto pasadas unas semanas mas, sabiendo ha llegado ya la primera orden, aseguraros puedo que la segunda llegará antes de lo que os digo.
E iba a responder Marcos a lo por mí repetido tantas veces, cuando vi Guille salía con priesa de las aguas e a mí corría como aterido.
- Papá – tiritaba -, el cuerpo tengo disgustado e no puedo seguir el baño. Quizá me digáis un remedio, que no es por nadar otra pieza, sino que me creo enfermo.
- Acercaos, Guille, acercaos, que en vuestra faz no veo sino frío y el temor a la enfermedad que nunca tenéis.
Llegóse a mí de espacio e bajó su rostro para besarme. Estaban sus labios muy fríos, que la piscina se llena con las aguas de la fuente y el sol no las tiempla hasta pasado un mes.
Tomé de la silla la toalla grande e cubrílo con cuidado. El frescor de sus cabellos calmó lo acalorado de mis temores mientras ponía mi mano en su cuello por descubrir esa enfermedad que siempre pensaba tenía e nunca encontraba.
- Sentaos aquí a mi lado, hijo. Entiendo que temáis siempre algún mal que os venga pero, a lo que veo hasta agora, más malo sois que estáis. Nada os ocurre, sino que erráis al tomar un baño cuando el cuerpo no os lo pide.
- ¿E cómo sabéis no quería hoy baño?
- Vos mesmo lo decís, pues bien entiendo habéis entrado en las aguas sin desearlo. No hagáis nada que no os plazca e nunca estaréis a disgusto ¡Vamos! Tomad un trago deste buen vino que, además de ser gustoso es como medicina.
E tomando mi copa con picardía, aprovechó seguí hablando a Marcos para apurarla. Viéndosele feliz, apretó la toalla a su cuerpo e se reclinó calmo en el asiento.
- En cuestiones de dineros – dijo Marcos entonces - más entienden los ladrones que los honrados… e por ladrón no os tengo. Si la Hacienda os pidiere aclaraseis de dónde tomáis el dinero, algo se pensaría. Solución no encontraréis.
- Una hay – espetó con descuido Guille -. Excusad haga lo que no se nos permite, que en pláticas de mayores sé no debo entrar…
E mirándolo con grande incierto, quise saber qué pensaba e no ver lo que hacía.
- Mirad, hijo – balbuceé - , que si algo sabéis que pueda sernos de un ayuda, no he de reprimiros entréis en estos asuntos. Tampoco os consideréis ya un niño, pues no lo sois. Decidme qué solución creéis hay.
- Papá Marcos la ha dado - incorporóse e tomó también la otra copa bebiéndola de un largo trago -. Si los ladrones saben más de dineros que los honrados, ¿a qué no preguntar a un ladrón qué hacer?
Atónitos, Marcos e yo nos miramos e acercamos nuestras cabezas a la suya.
- ¿Preguntar a un ladrón, decís? – no salían fluidas las palabras de los labios de mi compañero - ¿Es que… conoce vuesa merced a alguno?
- ¿Y cómo no he de conocerlo si todos los días háblase dellos?
- A fe, Guille – musité - , que acaso tengáis unas fiebres que desconozco, pues de ladrones algunos habemos conoscimiento.
E mirándonos como pícaro que acercarse ve a su pardillo, con pocas palabras e como gallego, nos dio su respuesta.
- ¿Acaso papá Marcos no conoce a ningún político?
Y en oyendo tan atinado razonamiento, levantóse Marcos e fuese como llevado por los diablos.



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