o habían llegado aún las Fiestas cuando aproveché un día soleado e quise hacer un paseo a caballo mas, al cruzar la casapuerta, en el lindero frontero encontré a Marcos como esperando e cabizbajo, alzó su cabeza e por su gesto grave supe me esperaba.
- Sabéis paseo cuando no llueve – musité -; no entiendo por qué aquí esperáis como si quisierais descubrirme en un intento de fuga.
- De vos huís, Marino – contestó -; ya sabéis conozco vuestros pensamientos como conozco los míos.
- ¡Vamos! – tomélo por el brazo -, no he de ir a pasear solo, sino con vos. Huir no pretendo de nadie, sino meditar… y en eso podéis serme de un gran ayuda.
- El Capitán pidiendo consejo a su abogado – hizo reverencia - ¿Qué puedo deciros que no sepáis sino lo que aquí espero? Acaso vuestras meditaciones en alta voz pudieran serviros como confesión mas, antes de que nada manifestéis, yo mesmo he de deciros a do vais y qué queréis. No es cosa que podáis ocultar a nadie en esta casa, pues es manifiesto. No sabéis vivir tanto tiempo si no lo ocupáis en algo y, tras tan larga vida sufrida, como en una isla os pensáis ¿Yerro?
- No hay yerro alguno en vuestras palabras… por un lado, mas sí hay algo en mi seso que ignoráis pues pensando estoy en todos estos artilugios modernos que a nuestra casa traen lo que no quiero en ella. He de comunicar a todos que no se me revele cosa alguna que desde aquella linde de las tierras de Grazalema al otro lado ocurra. Ignorar prefiero todo lo que acontezca. Nadie, frente a mí, hable de lo que allende aquellas arboledas sucede; e no digo con esto quiera prohibir cosa alguna a nadie. Sígase en esta casa la vida como hasta agora ha venido.
- Es eso cosa que no entiendo – dijo prudente – e no quiero razonar, mas no olvidéis estoy a vuestro lado; vuestro tío nos acompaña; nuestros niños nos necesitan. No escondednos vuestra alegría.
- Como ruego tomo tales palabras e con esto asiento; dejad que yo lleve mis problemas al hombro e no dudéis seguiré siendo el que siempre en esta casa se ha visto.
- Vuestra palabra tomo – comenzó a caminar conmigo – e yo mesmo he de decir a todos nunca se diga cosa alguna de lo acaescido en España, que es lo que deseáis si mal no lo entiendo.
- Vos lo habéis dicho. Quid pro quo, Marcos. Abiertas dejo las puertas desta casa e cerrada esa verja para mí e… a cambio, vos comunicáis lo por mí manifestado porque nadie cambie su vida. Sed cauto.



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