ás de un mes estuvo con nosotros el periodista Alberto, mucho escribió, mucho aprendió e mucho disfrutó de mis hijos. Partió a Sevilla mas a Madrid volvería por trabajar como becario. Y esto face e su pluma señala a aquellos que nos hurtan hasta el aire que respiramos. E tanto llovió en aquellos días, que las aguas caían por los campos como insalvables ríos e muchas noches de tormenta hubimos a Marinín durmiendo entre nosotros; tanta agua cayó, que los caños del «Aguanfría» – que así es llamada la fuente por las gentes – de la pila pasaban.
- ¡Cuán tristes son estas tardes en este pueblo, sobrino! – espetó Su Ilustrísima -; meses pasan sin que podamos ver el sol, llueve día e noche como si no hubiese llovido nunca antes o nieva con el frío, haciendo tal capa, que desta casa a la carretera no puede andarse. No es así en Ronda, que bien cerca está. Son estas sierras de gran altura que parecen llamar a las nubes e Dios hace luego el milagro; la nieve e las aguas convierten los campos en jardines. Esperemos esa primavera.
- Paréceme habláis de otras lluvias, otros tiempos e otras primaveras – manifestéle -; también Dios ha de saber cuándo ha de llegar esa primavera.
- A su tiempo, hijo, a su tiempo – miróme por sobre sus gafas -, que esperar la primavera mañana es sinrazón si aún no han llegado las fiestas de la Natividad de Nuestro Señor.
- Ya las espero – miré al inquieto fuego del hogar – e priesa alguna tengo, Ilustrísima, pues tal primavera acaso nos lleve al verano e a otro invierno luego sin poder salir destos campos ¡Décadas he restado en mi casa de Sevilla como confinado! Iluso de mí; pensé que cuando salía a buscaros era ya la libertad para siempre.
- ¿E… no fue así?
- ¡No tal! – sonreíle - ¿Llamáis libertad a esto? Tan siquiera creo haber estado libre los años pasados, pues en todo viaje, en todo lugar, acompañado de Marcos o solo, heme sentido como recluso vigilado. Al menos – suspiré -, no me siento agora como cautivo custodiado.
- A vuestros hijos – señaló – tenéis con vos; a don Marcos, a Víctor, a mí mesmo; al servicio… y a Dios ¡No os halláis tan solo!
- Así razonado… no. Esperaremos a que pasen las fiestas deste año e, así se acercan, a todos iré hablando; uno a uno. Quiero saber lo que de mí piensan…
- Tal cosa puedo deciros yo mesmo, sobrino – rió - ¡Os adoran!; como colijo vos los adoráis a ellos, que no vivís si no los tenéis a vuestro lado. Y esto sé porque así mesmo yo lo siento.
- Cuando las aguas caen con tanta fuerza – miré hacia el escuro paisaje -, las entrañas de la tierra llenan; e cuando cesan las lluvias, con tal impulso salen, que limpian todo lo que hallan a su enderredor.





