esta decimotercera parte no quisiese terminar sin manifestar lo que díjome Marcos que, viendo era su número el de la mala suerte (según cree) díjome haber la certeza de no ser completada e, acaso, que fuera la última parte que yo escribiera. E oyendo tales palabras mostréle cómo después de pasado más de un año sin poder escribir, a su final he llegado e habrá de seguirse con otra pues, habiendo cambiado tantas cosas, han de ver vuesas mercedes no ha cambiado esta casa, no han cambiado sus gentes e no ha cambiado el pueblo (más de lo que ya lo hizo).Es el caso que, estando una mañana – como así fue siempre costumbre – platicando con don Juan, dijo algo se le olvidaba e pidióme el teléfono.
- A vuestro lado se halla – dijo – e por eso os lo pido, pues he de llamar a Ronda por saber de la casa, sobrino.
- A dároslo no me niego, Ilustrísima – espeté -, sino que teléfono alguno hay aquí a mi lado.
- Sobre la mesilla lo habéis e no lo veis – mostróme la tal mesa -. Algún día habréis de perder la vista e… quizá el oído.
- Excúseme Su Ilustrísima, mas teléfono alguno veo en esta mesa sino pequeño estuche como juego de mis pequeños.
- Paréceme cambian las cosas cada vez más rápido – razonó – pues es bien cierto que lo que creéis juguete no es sino teléfono móvil, que en menos de un año todo ha cambiado en eso. No sabría yo deciros agora ni cómo ni por qué han cambiado. Dadme ese pequeño estuche e pedid Marinín os diga en qué han cambiado ciertas cosas, pues hasta yo no alcanzaba a razonarlas e no razono agora cómo habíamos móviles tan poco útiles.
Dile el estuche, golpeólo con el dedo tres veces e púsose a hablar. Viendo no pulsaba tecla alguna de números, pues no las había, pedí a Cayetano llamase a Marinín a mi presencia.
– Excusad, hijo, os pida abandonéis vuestros juegos unos momentos, pues díceme tío Juan es este estuche teléfono e no veo en él número alguno.
Sonrió mi pequeño e besóme e, tomando luego aquel nuevo teléfono, golpeólo con un dedo e todo él iluminóse. Pasó la mano por sobre el cristal como lustrándolo e a mi lado se puso a darme liciones. E bien es cierto unas cosas permanecen e otras las mesmas no parecen, pues pude conocer entonces teléfono sin números, sino que se veían retratos e dibujos. Así supe habíamos entrado en una nueva era en sólo un año, que a todo lo que tenían llamaban «táctil» e todo manejábase tocándolo. Y en viendo esto - que placióme – con temor preguntéle si también las armas habían vuéltose táctiles. Rió e negó con su cabeza.
- Unas liciones habréis de darme en esto, hijo, que sólo de otros tactos entiendo. E fue así cómo supe su funcionamiento e cómo hube de cambiar mi equipo por otro… e no paréceme de razón llenar la pantalla de dedos mas pienso estos artilugios serán llamados por su nombre un día, como Carlitos, e a uno vendrán en obediencia.
Ya antes de comenzar la parte decimocuarta deste diario narrando al día lo que acontezca, he de repetir los mesmos versos que antes de narrar estas aventuras conquenses puse a vuesas mercedes y en ellos habrán de ver cómo es ciento lo que se dice.
De la Epístola moral a Fabio
"Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere,
y donde al más astuto nacen canas;
el que no las limare o las rompiere,
ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.
El ánimo plebeyo y abatido
procura, en sus intentos temeroso,
antes estar suspenso que caído;
que el corazón entero y generoso,
al caso adverso inclinará la frente,
antes que la rodilla al poderoso.
Más coronas, más triunfos dio al prudente
que supo retirarse, la fortuna,
que al que esperó obstinado y locamente.
Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna;
dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis, cuando airado
dilata hasta los montes la ribera..."
De Fernández Andrada
E así como en estos versos se dice, no hay retirada a tiempo que a fracaso alguno lleve, sino a vuelta triunfante. E como por costumbre ya en mi vida tengo, tras retirada forzosa vuelvo.
Aquí está agora presente, tras largo retiro, el Capitán Alacaída.












