nos e otros corrían de acá para acullá e a ningún lado se iba e, viéndolos yo confusos, alcé mi voz en el centro de la sala e con la reliquia en alto.
- ¡Nadie se mueva! No vienen estos a por vuesas mercedes, sino a por mí. E no es esto para ellos presea de valor alguno sino que sería fundida. Guardo yo empero cosa valiosa que a sus manos nunca debería llegar ¡E vive Dios que ni esta ni la otra han de llevarse! ¡Decidme agora cómo salir se aquí sin ser vistos e dejad lides para quienes hacen de ellas su empresa!
- ¡Seguidme, Excelencia! – dijo presto el joven sacristán -; atinado no sería, como decís, salir deste templo por la puerta principal. Usaremos una escondida salida de la parte trasera ¡Síganme vuesas mercedes!
- ¡Parad! – corté el paso -; han de quedarse aquí todos en tanto llevo esto a buen recaudo. Nadie se mueva deste templo. Poned a salvo al Santísimo e restad luego en oraciones frente al altar. No creo osen derribar puerta alguna, mas si entraren, decidles hacéis vuestras obligadas oraciones… E una última cosa os digo: ¡Nadie ha visto al Capitán! No temed por vuestras vidas que, no siendo de razón, para ellos no son valiosas. A dar conmigo huirán ¡Orad!
E tomando al sacristán por el brazo miróme en temblores tales que creí perdería todo conocimiento. Halé dél e cerré la puerta. En la obscuridad del pasillo, tomado de su cintura, fuimos caminando quedos siguiendo la pared. E llegándonos a otra puerta, oí la abría e nada veíase hasta que encendió laz luz. En una cripta estrecha e húmeda caminamos sin decir palabra hasta el extremo frontero e, pasando entre nichos profanados que dejaban ver un ciento de huesos, hasta otra puerta nos llegamos.
Fue dificultoso abrir tal postigo, que del tiempo sin uso estaba atrancado e, ya abierto un tanto que nos dejaba paso, miróme el sacristán de cerca e dijo como palabras de despedida.
- Con vos me iría a buscar la muerte, pues luchar no sé, sino aprestar las misas. Dios os lleve a vos y a esta Santa Reliquia a lugar seguro. Subid esa escala abandonada y saldréis al jardín trasero, que es lugar que nadie conoce ¡Id con Dios, Excelencia!
Y en diciendo aquesto besóme e tomó mi mano bajando el rostro.
- Llevaros no puedo – le dije -, mas si quisiéredes volver a verme, memorizad mis números e llamad hasta que oigáis mi voz ¡Vendré a veros! E… - pensé - ¿No tendríais bolsa donde esconder el clavo? ¡Una como de compras!
- ¡No, Excelencia! – miró atrás - ¡Esperadme e vuelvo al punto! Tengo mi bolsa de la ropa, que es como de deporte.
Corrió entre los nichos pasillo atrás y, en segundos, vilo aparecer de nuevo e sonreía trayendo en sus manos bolsa azul algo ajada.
- ¡Servirá, pues no ha de parecer a nadie lleváis cosa de tal valor!
E sin decir nada, besélo y en sus ojos había lágrimas. Tomé la bolsa, abríla e puse entre sus ropas el Tesoro Divino.
- Volveré – le dije subiendo ya los peldaños que hasta una trampilla me llevaron -.
Empujando las tablas salí a un jardín que más parecióme cementerio e corrí hasta fuerte buganvilla por donde trepar cual raposa saltando luego afuera sobre un montículo. Cauto mas sin detenerme, recorrí aquel muro hasta salir a la parte de poniente del templo e, llegándome a la plaza donde se halla la iglesia, oí voces e golpes.
- ¡Abrid, curas malditos! Que bien sabemos escondéis ahí alimaña que ha de ser presa.
E pegado al muro resté unos instantes hasta que oí una voz suave e tranquila que parecióme conocer.
- ¡Dios Bendito, soldado! Calmaos que pienso erráis, pues no es esto sino la Casa del Señor e no hay aquí alimaña alguna, sino siervos en oración.
- ¡También siervos que ocultan a traidores!
- ¿Qué cosa decís, hijo? – respondió con calma - ¡Pasad, pasad, que en esta casa a nadie se prohíbe la entrada! ¡Habrán de ver vuesas mercedes hacemos nuestros rezos!
- ¡No me engañáis, puto cura! ¿Adónde habéis escondido al Capitán?
- ¿El Capitán? – preguntó como confuso -. A fe que en iglesia alguna hay capitán, sino obispos, e no los escondemos. Dejad las armas a vuestros compañeros e podréis verlo vos mesmo…
- ¡Viejo beato! – exclamó el guardia - ¡Vuestra sangre no vale para ser héroe! Rezad porque encontremos a quien buscamos o hemos de volver a por vos.



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