A fe, Majestad, que no sé qué cosa he tomado o que hechizo me han hecho, pues hace tiempo que conservo siempre el mesmo aspecto, la mesma fuerza, y una extraña encarnadura que cura mis heridas como si no las hubiese sufrido.
Mi alma daría por descubrir el secreto que paró vuestros días por parar los míos e no dejar nunca vuestro lado.
De estatura media, buen porte, buena presencia, buen yantar e mejor dormir, no ha guardado su sotana, que de vieja y remendada, paréceme no le quedan rastros de la tela primitiva, mas es maravilla de ver cuán bien se conservan entrambos.
Criatura como vos no puede encontrarse otra, que hasta yo me siento pequeño a vuestro lado e no os hacen falta ricas galas ni plumas ni relojes de oro para que cualquiera clave su mirada en vos.
¡Ángel de mis angelitos! Ojos tan claros e mirada habladora como esta no se ven, que son los angelitos invisibles e los mortales afortunados los únicos que habemos tal merced.