
Ya vueltos al hotel e muy cansados, no querían los pequeños tomar la cena, sino ir a sus camas, mas convenciólos Marcos de que habrían que cenar e dormir por poder seguir otro día más. Con esto, sentados en una luenga e rica mesa, mucho comimos e mucho hablóse de lo visto e lo sentido; e restamos una pieza luego en el salón oyendo unas músicas que un músico hacía en un piano, mas no podían los niños dejar de rememorar lo visto.
- El viaje a Castilla aún no ha empezado – les dije – e de hablar no paráis. No digo yo sea Madrid la ciudad más bella, que lo es, sino que habéis de ver otras que no os asombrarán por haber cosas modernas e cosas antigüas, sino que en paseos andaremos por calles que os harán creer estáis en otros tiempos.
- E no habéis llevado vos la cámara de las fotos – apuntó Pablo – por decir no podía entrarse en el museo; e tal era cierto. Mas si hemos de visitar sitios como los que decís y en ellos puede usarse la cámara, tomad vistas de cuanto podáis, que luego habremos de recordarlo todo en Sevilla.
- Así lo prometí e así he de hacerlo – les dije -; no penséis voy a dejar sin tomar vista alguna, sino que Lorenzo disparará fotos, e también papá Marcos, e yo tomaré esas fotos que se mueven. Mas una condición hay, pues en ninguna dellas quiero ser visto ni que se os vea, sino que se vean los lugares por donde pasemos.
- ¡No habed cuidado, Marino! – manifestó Lorenzo -; yo tomaré fotos de todos en esos lugares porque se sepa allí hemos estado e vos tomaréis esas imágenes de lo visto; desta guisa, cuantas veces queramos podremos recordar lo vivido.
- ¡Hágase así, Lorenzo! – apuntó Marcos -; que así como decís, habremos constancia de haber pisado esas calles que han de maravillaros e habremos vistas dellas sin nosotros; para el recuerdo.
- ¡Cansado estoy, papi! – echó Carlitos su cabeza sobre mí - ¡Llevadme a dormir!
- ¡Dejad, Marino, que yo lo lleve! – levantóse Marcos - ¡Vamos todos! Subamos a las estancias e tomemos descanso, que muy luengo ha sido el día e mañana habrá otro igual.
- Mucho queda aún por ver e no saben esto los niños, Marcos – pensé -, acaso sería más de razón hacer el viaje sin priesa alguna, viendo menos e descansando otro tanto.
- ¡Así podrá ser! – contestóme -; yo mesmo he de alargar la estancia en cada lugar, mas hemos de descansar agora e seguir mañana, que es pasado día de viajes.
- No quisiera pensárais ya no me gusta Madrid – concluí -, sino que preferiría mejor esos lugares más sencillos e calmos.
- Así lo creo yo también mejor para los pequeños, Marino.
- ¡E no ha de olvidarse Plasencia!












