anifestábame Marcos su disgusto en diciéndome ocupadas estarían las mejores estancias del parador de San Marcos, en León, en los días que allí trazamos gozar de la ciudad e hablaba Guille con Su Ilustrísima muy quedo por no sernos de estorbo.- ¿A jugar no vais? – preguntábale tío Juan - ¡Descanso os ha dado vuestro padre en las liciones por ser la Feria de Sevilla… aunque no podamos ir! ¿Qué decís?
- ¡Ay, tío Juan! – contestóle como declamando - ¡Cansado estoy de cansarme e aburrido de aburrirme!
- ¿Qué modo es ese? – rió Su Ilustrísima - ¡Paréceme el redundar de la redundancia!
- Así no es, tío – contestóle -, sino que es ésta frase que dice mi padre… ¡el de Grazalema! E así no la dice, sino que sigue…
- Quisiera yo oír tales frases – hízole un sitio a su lado -, que tal nunca he oído.
- Es cosa suya, creo – manifestóle Guille -, mas sabed la digo porque es bien cierto que ni para liciones ni para juegos me hallo.
- ¡Decid tales frases completas, Guille – exhortóle Marcos -; yo mesmo quisiera oírlas!
E nada dije, que ya las hube oído, mientras pensaba una corta pieza e, alzando los brazos como desesperado, declamó:
«¡Cansado estoy de cansarme
Y aburrido de aburrirme!
¡Venid, necios, e decidme
Cómo he de arreglarme
Para poder divertirme!»
E la panza de Su Ilustrísima movíase arriba e abajo con las risas e miróme Marcos riendo mas sin entender lo oído, que tales exageraciones sólo en el Andalucía se oyen.
- ¡A fe, Guille – no paraban sus risas -, que tal despropósito nunca he oído!
- No sé bien cómo a tal extremo llegáis, Guille – le dije -, que ciento otras cosas habéis para no aburriros ni cansaros. Si jugar no queréis con vuestros hermanos e Marinito, libros y equipo habéis. Res, non verba.
E levantóse quedo e parecióme volvía al jardín. Con esto, e viendo su tristeza, llamélo.
- ¡Venid, hijo! – le dije -; sé no queréis sino oír si solución a este problema habemos ¡E vive Dios que la tengo! ¡Dadme los números del tal parador!
- ¡Marino! – exclamó Marcos - ¡No ha mucho he llamado e se me ha dicho todas las estancias están ocupadas en mayo!
- Para vos, acaso – dije -, mas no para el Capitán, que habiendo estado allí otras muchas veces, con sus propinas, e de dineros no hablo, pagó lo que agora ha de pedir.
- ¿Pensáis os dejen las estancias e a nadie admitan? – llevóse las manos a la cabeza - ¡Estos son los números, mas no decid lo que hacéis es idea mía!
E hablando con el parador, dije quería hablar con Manuel y en poco tomó el teléfono.
- ¡Capitán! – exclamó - ¡Vos! ¡Cuán lejana vuestra última visita!
- Acaso demasiado tiempo, Manuel – le dije -, mas pensando estoy en ir agora en mayo, que es época florida e gustar quisiere de la paz de aquellas estancias, que como esas no hay otras.
- ¡Decidme cuándo vendríais! – quiso saber -; yo mesmo he de dar la orden para que todo se apreste como siempre lo habéis encontrado.
- Acaso… - hice como si dudase – estén mis estancias preferidas ocupadas…
- ¡Dejad eso en mis manos, Capitán! – habló quedo - ¡Decidme las fechas!
- Con mi gestor habéis de hablar tales detalles – le dije -, que es él el que hace los trazados.
Y en esto diciendo, ofrecíle el teléfono a Marcos e oíle hablar como dudoso e mirábame con extraño mas, por sus palabras supe remediado estaba aquel entuerto.
- Otros – dije – pueden ir en otras fechas; yo no. E siendo el Capitán, como si el parador fuese mío me hospedan.
- ¡Papá! – corrió a mí Guille - ¡Dice Marinín es aquello como grande castillo e rico palacio como no otro!
- Estancia habremos sine die, Guille – apunté - ¿A qué esas tristezas? ¡Volved agora al jardín e dad la buena nueva a vuestros hermanos, que en pocos días partiremos e ya sabéis cuál será la ruta!
- ¡A fe, sobrino – dijo incrédulo Su Ilustrísima -, que nada hay se os resista!
- Trahit sua quemque voluptas – concluí - ¿Pensáis acaso no piensan en este parador más beneficio habrán hospedando a mi familia que a otras? ¡Pagado está, con creces, el hospedaje que pido! E sabed no es el dinero lo que les llama a facer tal, sino el saber estará allí el Capitán que, por añadidura, dinero e fama les dará.
- ¡El ala antigüa del edificio dejan presto para vuesa merced! ¡Cosa tal no he visto!
En Grazalema e a veinte e ocho de abril del año de dos mil e nueve.









