
uy callado estaba don Juan esta mañana en sus lecturas e ningún comentario fizo cuando resté con él a solas por haber subido Marcos a sus liciones propias. E como pienso que si no se habla es que se teme a lo que pueda decirse o piénsase no es de importancia, que siempre hay algo en la mente para manifestar, quise romper el silencio.
- Como mudo os hallo, Ilustrísima – le dije -; e no he de explicaros los motivos por lo que hombre como vos resta en silencio.
- Acaso erráis, sobrino – levantó su mirada -, que si bien es cierto prefiero no abrir la boca, no es por razón baladí.
- ¡Decidme qué os tiene mudo! – preguntéle -; acaso hemos hecho cosa que pensáis agora no es de razón.
- No tal, Marino – dijo -, e con esto rompo mi silencio, que lo que pienso no es se hagan cosas que no me placen en esta casa, sino que lo acescido ayer con ese tal inspector en meditaciones me tiene. No he de decir quítame el sueño, que bien sé sabéis remediar entuertos que aparecen sin remedio, mas diría yo que aqueste inspector, con su arrogancia, su vehemencia e su insultante soberbia, hase ido herido e, no precisamente en el cuerpo, sino en el alma; e a veces, hombres que se sienten poderosos y encuentran a gentes que los hacen ver no son sino titereros, o títeres por otros manejados, bien pudieran mover ciertos resortes e volver con quién sabe qué clase de ataque.
- No habed cuidado por tal, Ilustrísima – tranquilcélo -, que en tales cosas ya he pensado e mis remedios tengo. Estando ya cerca el miércoles de ceniza e, con ello, las puertas de
- La diferencia, sobrino – aclaróme -, véola en que habéis luchado contra la fuerza del cuerpo e paréceme habréis de luchar contra la fuerza de una mente maligna que acaso menospreciáis.
- Tampoco a esas fuerzas a las que hacéis referencia temo – dije muy seguro -, que si no ha sabido defenderse a nuestro sencillo ataque, no ha de saber las armas que he de usar si intentare atacarnos por alguno otro sitio. Borrad tales preocupaciones de vuestra mente porque bien sé que hará trazado por quedar por encima desta Casa, mas ni con la ley en la mano conseguirá sino caer aún más bajo, que nosotros habemos la fe que refuerza nuestro espíritu y este hombrecillo vacío paréceme está. ¡Volverá, no lo dudo!, mas también volverá a salir desta Casa aún más bajo de lo que ya cayó ayer. Os dejo leer, que no quiero seros de estorbo, sino consolaros si algo teméis.
- Pidiera yo informes deste hombre – dijo acertado – a vuestro amigo «el chusco», que nada me extraña sea este inspector de menores un tanto «amigo» de vuestros enemigos.
E no habiendo pensado en lo que decía, supe acaso tendría que preparar un ataque más fuerte del que hube pensado.
En Grazalema e a veinte e cuatro de febrero del año de dos mil e nueve.


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