
ueron los dos días siguientes a la llegada de mucha unión entre los hermanos, Lorenzo, Guillermo e sus padres, doña Pastora e nosotros mesmos. Mucho narraba Marinín de la que llamaba «su ciudad» e muy quedos sus hermanos oían cuanto les decía e aquel deuvedé que viese de Plasencia a Toledo, hasta dos veces lo vio (e oyó) con sus hermanos.
Mas estando esta mesma tarde en pláticas en el salón, parecióme de extraño no se les oyese de jugar e así pregunté a Marcos por saber qué cosa sucedía.
- Acaso, Marino – bajó la voz -, fuere mejor subiese yo por ver qué cosas facen, que no es falta en la confianza que en ellos habemos, mas sí es de poco uso en ellos este silencio, que ni la guitarra se oye.
- Con vos he de subir – contestéle también muy quedo -, pues de seguro nada incorrecto facen mas no acierto qué cosa ha de ser.
Y excusándonos de nuestra compaña, entrambos subimos con sigilo porque no supiesen los observábamos, sino por aclarar nuestras dudas. E, ya llegándonos a la puerta de la buhardilla e no oyendo nada, nos miramos con desconcierto, pues nada se oía como si allí no estuviesen. Mas al entreabrir un poco la puerta, que a la sazón nunca dejan cerrada, a los cuatro vimos sentados en sus mesas de las clases e frente a ellos leía en silencio Víctor.
- ¿Acaso es esta lición extraordinaria por haber mal comportamiento? – preguntó Marcos a Víctor muy quedo - ¿Qué cosa han hecho?
Y en esto diciendo, púsose Víctor en risas de tal modo e manera que no podía hablar; e todos los pequeños nos miraron con extraño.
- ¡No es castigo si así lo pensáis! – dijo al cabo Víctor -, sino que hanme pedido les ponga como tarea el redactar lo vivido… ¡y en ello se hallan!
- ¿Redactar agora? ¿Hoy? – pregunté perplejo - ¡No es día ni hora de liciones!
- ¡No tal, papá! – respondióme Pablo de contento - ¡Mirad el presente que a todos nos ha traído nuestro hermano de Plasencia!
E mostróme uno desos que llaman «bolígrafos» que en los paradores venden como regalo o recuerdo e que bien caros son e muy finos, atinados e de bello aspecto; como presea.
- ¡A fe, Marinín – exclamó Marcos -, que de una sorpresa no salgo cuando ya me entráis en otra! ¿Cuándo e cómo habéis comprado tales bolígrafos tan ricos?
- ¿E no lo sabéis, papá Marcos? – respondió Marinín como de natural -; en tales paradores los venden e allí compré uno para cada uno; todos iguales. E tan bien escriben, que todos queríamos escribir mucho.
- ¡Pues de vuestra compra nada sabemos! – le dije -, que, según recuerdo, siempre juntos anduvimos.
- ¡No tal, papá! – levantóse en respeto -, sino que licencia me disteis por salir del refectorio al claustro e, viendo al otro lado el lugar por donde está la entrada, recordé había regalos e allí fui e allí los compré.
- ¿Y el dinero, pequeño? – extrañóse Marcos - ¿De dónde habéis sacado dinero para ello? ¡Tales presentes no son de química, sino de madera e plata e peso como preseas!
- Algo costoso paréceme el regalo mas… - pregunté - ¿Os di acaso dinero?
- ¡No tal, papá! – creyó no placíame su idea -, sino que a la sazón yo lo llevaba por si alguna cosa veía por traer presente a mis hermanos ¡No es sino una parte de lo ahorrado junto a lo que nos fue entregado por tío Juan cuando repartió el premio de
E acercándome a él sonriente, tomélo en mis brazos e apreté sus hombros.
- ¡Excusadnos vos a nosotros, Marinín! – le dije absorto -; el dinero del que habláis es vuestro e no me parece malgastado, precisamente, sino bien empleado. No habemos dudas de que amáis vuestra ciudad e que lo mejor que habéis visto allí como presente han sido estas preseas; ¡todas iguales para todos! Habéis hecho lo que deberíamos haber hecho Marcos e yo mesmo: traer a vuestros hermanos testigo de vuestra presencia en aquella bella ciudad. El dinero del que habláis es vuestro e vos mesmo debéis de administrarlo ¡No ha lugar me deis razones algunas de lo comprado ni de lo gastado! ¡Escribid, hijos, que no hemos subido sino a seros de estorbo!
- ¡Vuestra presencia siempre nos gusta! – sonrió - ¡Quedaos si ello os place!
- ¡Veros desta guisa nos place! – le dijo Marcos -, mas pienso yo hemos de respetar vuestro tiempo e vuestro lugar como vuesas mercedes respetan los nuestros ¡Quedad con Dios e con Víctor! ¡Escribid e aprended e disfrutad de tales presentes!
E saliendo de la buhardilla, ni Marcos sabía qué decirme ni yo si mirarlo.
En Grazalema e a catorce de febrero del año de dos mil e nueve.


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