sí acabáronse los asuntos que habían menester, un paseo dimos por la bella ciudad de Plasencia, que estando más al norte, era de aire más frío. E luego desto quise ir al mesmo lugar donde conociese a Marinín estando ya muy enfermo; e otros muchos recuerdos (unos buenos e otros no tanto) a nuestras cabezas vinieron.
- Es el volver aquí – dijo Marcos – como volver al pasado; e por ser ciudad de historia no lo digo.
- Así lo creo – respondíle -; e no pensaba yo volver por estos asuntos mas sí acaso por otros, que aquí tengo también pertenencias.
- ¡Y en buen estado, vive Dios! – exclamó mi abogado -, que mucho papel hube de mover e todo vino a donde siempre debió estar.
- E aquí tengo yo también palacio – dijo Marinín en mesándome los cortos cabellos -, mas placeríame fuesen todas mis pertenencias para todos, papá; e aquesto bien lo sabéis: «Nullius boni sine socio iucunda possessio est».
- Así como lo decís es, hijo – sentélo en mi pierna -, que nada se disfruta con placer si no se comparte ¿A qué tener tanto rodeado de menesterosos?
- No sois vos menesteroso, papá – asombróse -; e, aunque con mis hermanos quisiera algún día repartir mi herencia, a vos os la daría agora e vos podríais repartirla, que tal no puedo facer yo hasta mis diez e ocho años.
- A fe que no sabéis lo que decís, pequeño – le dijo Marcos -, que por entregar a vuestro padre lo heredado, demasiado papel habría yo de mover… ¡e creo me he acostumbrado ya a la vida sedentaria! ¡Como Su Ilustrísima!
- ¿Me dejaríais darle aviso al móvil, papá? – sonrióme mi pequeño pícaramente -; acaso no queráis lo use.
- ¿No quisiera yo, decís? – reí - ¡Tan mío como vuestro es este artilugio diabólico! Llamad a vuestro tío si así lo deseáis e hablad una pieza con vuestros hermanos.
E tomando mi móvil e dando aviso a Su Ilustrísima, oímosle reír e decir todo lo hecho e, después desto, quiso hablar con sus tres hermanos e, acaso por no ser oneroso, parecióme hablaba lo justo e necesario.
- ¡Hablad cuanto queráis, Marinín! – le dije - ¿Pensáis voy a quedar sin blanca por ser aviso a lugar lejano?
- ¡No! – contestó en colgando -, sino que he de narrar todo esto cuando ya allí estemos.
- Partamos agora a un comedor restaurante – levantóse Marcos -, que en esto me voy pareciendo también a Su Ilustrísima, que aún teniendo las horas del yantar bien medidas, antes de lo marcado necesita su bocado.
E a yantar fuimos al mesmo parador e a lo que otrora comiésemos Marcos e yo estando aún solos, dimos buen cumplimiento. Hizo muchos retratos… (fotos escribo por no haber disgusto alguno) e otro paseo dimos e al descanso volvimos. E puedo agora prometer que lo vivido con Marcos e mi hijo en estos días, es cosa que nunca en mi larga vida he gozado, pues cariño como el compartido es como lo poseído, que si se comparte, dos veces se goza.
En Plasencia e a once de febrero del año de dos mil e nueve.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario