uedó Marcos en reposo e no quise restase solo en la estancia. Marinín no debería perder sus liciones e no parecióme de razón decir a Su Ilustrísima, que a visitarlo subió, quedárase por hacerle compaña.En estos pensamientos estaba, cuando tocó a la puerta Lorenzo, que en dejando una pieza sus labores en las cuadras, a Marcos quiso también visitar.
- ¡Bien os veo, don Marcos! – exclamó -, que otras caídas menos graves he visto e han tardado semanas los jinetes en reponer sus fuerzas.
- No será así – contestóle feliz -; acercaos e dejadme tomar vuestra mano.
- ¡Pronto os veo montando otra vez! – díjole Lorenzo en chanzas -. Paréceme caída tonta e acaso extraña, mas aún más extraño me parece veros como si no hubieseis dolor alguno.
- Mañana, os lo aseguro, amigo – musitóle Marcos -, habréis de verme en pie e como si nada hubiese acaescido.
- ¡Como milagro lo veo, mas os creo! – miróme Lorenzo -; el Capitán de vos ha menester, que como su mano diestra sois.
E pensando lo dicho por Lorenzo, en Guillermo también pensé, pues si Marcos acaso un día no pudiere llevarme a Ronda o alguna compra fuere necesaria en Sevilla… ¿quién iba a llevar el coche?
- ¡Esperad, Lorenzo! – dije cuando partía - ¡Decidme si habéis de cuidar mucho aún a los caballos!
- ¡No tal, excelencia! – extrañóse - ¿Acaso os soy menester para alguna otra empresa?
- ¡A fe que seréis de un grande ayuda agora – le dije – y en lo venidero, si lo que os propongo os place!
- Vuestros deseos, excelencia – contestóme -, bien sabéis son órdenes para mí que, además, son placeres ¡Decidme!
- Algunos asuntos he de despachar en el bufete – explíquele – e, no queriendo suba Su Ilustrísima e no esté solo Marcos… acaso vos…
- ¿Quisiéredes le hiciese compañía? – preguntó con ilusión -; mi trabajo no abandonaría por tal.
- Así lo creo, Lorenzo – continué -, mas no es sólo mi trazado le seáis de compaña una pieza, sino que, como todo humano, no debe ser Marcos indispensable para ciertos menesteres ¿Os importaría examinar por ser, además de nuestro cuidador de caballos, nuestro conductor de coche? ¡Yo pagaría cualesquiera gastos que hubiese!
- ¡Un placer sería! – acercóse en mirándome - ¿Cuándo queréis estudie para ello? ¡Tiempo he sobrado!
- Dad aviso a Guillermo – le dije – porque venga esta tarde a recogeros e a Ronda os lleve. Haced cuanto haya que hacer e comprad libros o cuanto haya que comprar ¡Doble servicio prestaréis a esta vuestra Casa e algo subirá vuestro sueldo, que cuidador de caballos e de coches seréis!
- No es molestia para mí llevar el coche, Marino – dijo al punto Marcos -, mas sí me parece de razón haya más de uno que sepa llevarlo, que Cayetano, así lo creo, no debería desta casa ausentarse.
- Pues con esto, Lorenzo – concluí -, preguntad también en Ronda por comprar otro coche igual que el nuestro e igual que el de Guille. Dos coches habremos por si fuere menester.
- Bien sé que vos no quisiéredes examinar por llevarlo – rió Lorenzo -, aunque a lo visto sé que bien lo harías sin examen alguno ¡Acepto con gusto vuestros propósitos!
E hízome Marcos en disimulo tal gesto, que parecióme hablábame. Con esto, a Lorenzo acerquéme e besélo e abracélo e, poco después, devolviendo un gesto a Marcos, de allí salí más tranquilo dejándolo con el joven.


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