erminado el desayuno, puso el servicio la casa en orden, que más que palacio parecía almacén de cajas. E subieron los niños a su estancia para el aseo e cambiaron sus ropas; e a la buhardilla subieron por jugar con Víctor toda la mañana. Y muy de contento estaba todo el servicio mas parecióme ver a Marcos enojado.- ¡Marcos, querido! – le dije - ¿Cómo penáis cuando todos están en fiesta?
- No peno, Marino – contestóme -, sino que por más que a estos números doy aviso una voz dice que tales números no existen ¿Cómo he de pagar tanta deuda?
- ¡Insistid! – ordenéle - ¡Todo ha de satisfacerse e como yo he dicho; con una décima parte más de su precio.
- He de insistir, Marino – dijo terco -, mas debería oír una voz que dijese que esos números no están dispuestos agora; mas dice la tal voz que esos números ¡no existen!
- Acaso pulsáis otros números con los nervios – reí -; calmaos, pues hemos de hablar del trazado de «las chacinas».
- ¿Qué trazado es ese – preguntóme con extraño – con tal nombre?
- Bien sabéis, Marcos – le dije -, que no hay chacina ni quesos ni jamones como los de Grazalema. Algunas familias, con grandes penalidades, las preparan e las venden e otras dineros no tienen ni para adobarlas. Móntese fábrica de chacinas tan grande tras los riscos de la parte alta, en sitio que no sea visible, para dar trabajo a los que no han dinero para su sustento. Unos cuidarán el ganado; otros harán la matanza e otros harán el adobo. Buscad a hombre letrado que pregone por doquier las excelencias de tales chacinas por venderlas.
- Así he de hacerlo – contestóme -, mas esperad acaso dos días por dar cumplimiento a estos pagos.
- Priesas no hay, Marcos – le dije -, pues dos días o dos semanas, no es demora si ha de darse trabajo digno a gentes menesterosas que han conocimientos para facer tales embutidos. Pedid los permisos pertinentes al Ayuntamiento e buscad a este… - miré mi lista - ¡Andrés!, el guarnicionero. Traedlo presto que hemos menester de cueros curtidos e bien trabajados. Dadle dineros suficientes en adelanto a los trabajos que ha de facernos e manifestadle quiero con él hablar de tales asuntos.
- Si la lista de empresas pendientes era larga – sonrió al fin Marcos - ¡cuán larga se hará agora!
Y en subiendo luego a la buhardilla, allí hallé a mis niños en juegos con Víctor e Su Ilustrísima (que en la alfombra sentado estaba con su sotana añeja).
- ¡Papi! – llamóme Carlitos - ¿Podríamos jugar todas las mañanas una pieza? Muchas liciones damos e muchos conocimientos ya habemos!
- ¡No, mi pequeño! – tomélo en brazos - ¡Oíd todos lo que os digo! Cada hora del día, como son las de la noche para el descanso, ha de usarse para cosas distintas. Las mañanas han de ser para las liciones; a su hora el aseo, a su hora el desayuno, a su hora las liciones y a su hora los juegos ¿No pensáis que si todas las horas jugaseis un día llegaría en que no os placería el juego?
- Así lo decís e así lo creo, papá – dijo Antonio arremetiéndome -; mejor será dejar las horas de juego para el juego.
- ¿Veis, Carlitos? – besélo -; yo mesmo he de jugar con vuesas mercedes como lo está faciendo agora vuestro tío Juan, que a lo que veo, tan niño como vosotros se me aparece.
- ¡Ay, sobrino! – exclamó en risas Su Ilustrísima - ¡No digáis tales cosas!, que fácil ha sido el sentarme en el suelo mas, ¿quién me ayudará a ponerme en pie luego?; pues para abajo las piedras ruedan, mas para arriba ¿quién las menea?
- Nosotros hemos de ayudaros, tío Juan – le dijo Marinín -; no tengáis cuidado agora deso ¡Juguemos!, que mañana ya no habrá tiempo para solaz como lo habrá hoy.


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