
fue tan largo e tan intenso el recorrido, que recordar no puedo todo lo que se fizo, pues páginas completas dello habría de escribir (o hablar, tal hago agora). E ya terminada la labor y en llegando la hora del amanecer, a la plaza volvimos e allí nos esperaban de nuevo los gobernantes del pueblo. E una larga mesa de mantel blanco e premorósamente bordado habían aprestado en la sala grande que al entrar se encuentra e, habiendo yo revelado la fórmula secreta del xoclatl a la señora Alcaldesa, con la tal «bebida de los dioses» nos puso unos dulces grazalemeños.
Con esto, pudimos tomar calor en el cuerpo, que comenzaba a helarse, e hubimos unas pláticas no muy largas, que aún había (decían Sus Majestades) mucha labor pendiente. E todos salieron a despedirnos con grandes honores e monté yo a Temprano e subieron Sus Majestades a sus sillas e levantaron los pajes a los camellos y, en dando la vuelta sobre una buena capa de nieve, hacia mi casa tomamos el camino.
E fue así cómo acerquéme un poco a Melchor, que parecióme hablar más conmigo que otros años.
- Majestad – le dije –, excúseseme os pregunte cosa que acaso no me atañe e, si así fuese, dígamelo Vuesa Majestad.
- Secreto no habemos, Capitán – rióse como dicen ríe ese tal Papá Noel -; preguntad lo que creáis necesario e habréis respuesta.
- Quería yo razonar – le dije – cómo podéis estar toda la noche atendiendo a los niños de Grazalema si también habéis de atender a los de todo el Mundo.
- Acaso, Capitán – contestóme en bajando la su voz -, con algo no contáis, pues magos somos como bien se dice. E cada noche atendemos a los niños de un lugar… o dos o tres. Mas siendo el tiempo diferente para los humanos que para nosotros, lo que son noches distintas para Nos, la del quinto de enero por la noche es para todas vuesas mercedes.
- Si como magia razónase – reí – no tan mágico aparece. ¡E hay quien dice que un solo día al año trabajáis! Volvamos agora a casa porque hayáis una pieza de descanso antes de seguir vuestra empresa.
- No es sólo el descanso lo que allí ha de llevarnos – dijo -, que allí hemos dejado a esos tres pobres tenderos en esperando e a vuestros niños e a Su Ilustrísima (que como niño es para esto) e a todo el servicio. E, según hemos trazado, dormidos han quedado todos por no haber espera. Y en adorando una pieza al Niño que habéis en vuestro pesebre y entregando nuestros presentes, habremos de partir, que hasta las diez no sube el sol en esta parte de
E así supe en aquel momento que, a la hora de comenzar el cortejo, los verdaderos Reyes Magos, dejaron a los tenderos en casa.
E habían quitado la nieve del camino e sal por él esparcieron e la nieve que caía no cuajaba. E desta guisa, hasta la casa nos llegamos.


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