ugaban los pequeños en la buhardilla esta tarde, cuando vi de bajar a Marinín en sonriendo.- Para algo me queríais esta tarde – me dijo -; e aquí me tenéis, papá.
- Es cierto tal – respondíle -; dejemos a nuestros amigos en sus lecturas con tío Juan e vayamos al bufete.
Con esto, tomélo de la mano e por el pasillo nos entramos hasta el bufete e, ya dentro, puse a la puerta el pestillo.
- En esta arca la tengo, hijo – mostrésela -, que bajo llave la guardo. En la mesa os la pongo y en vuestras manos la dejo.
- Sabed, papá – contestóme en mirándola -, que puede tocarse sin temor, pues acaso penséis que siendo niño es como si tomase en mis manos un pistolete. ¡E no es así! Puedo prepararla de forma tal, que a unos dañe e no a otros, e al decir otros, también digo árboles o animales ¡Veréis!
Mirélo hacer e supe al punto sabía lo que entre manos había.
- ¡Mirad estos botecillos! – me dijo -; dentro está un tal veneno, que tanto mata si se pone una sola gota como si se gasta todo el líquido. Y, en gastando una gota deste veneno, pónese en el botecillo una gota de agua e al punto se vuelve veneno.
- ¡Santo Dios! – exclamé confuso - ¡Tal cosa no me habíais dicho e no sé cómo la sabéis!
- Cómo la sé, no importa, papá – me miró sonriendo -, sino que pueda seros de un gran ayuda e salve la vida de todos mas no las desos guardias malvados. Aquí, en la caña, pondré la gota del tal veneno; e aquí ha de quedar preparada la pluma para lo que fuere menester e cuando fuere menester. Sólo habréis de poner estas a modo de agujas finas dentro de la caña e, apuntando a esos hombres, pasar vuestra mano por estas barbas plateadas. Han de ir las agujas a los que delante tengáis; sin atino necesario. E como gelatina se volverán sus huesos e como manchas caerán al suelo. E… desa guisa, sí que habría que retirallos pronto, ¡que pudiéranse volver malolientes!
- ¿Podrían quemarse en una grade pira?
- Así podría hacerse – continuó -, mas necesitaréis un ayuda de hombres, e no de niños o mujeres, por retirar tal estiércol; que no es abono.
- ¡No será abono, hijo, mas mierda me parecería!
- ¡Pues a la mierda con ellos!... y excúseme vuesa merced mi expresión.
- ¡Excusado estáis!
En Grazalema e a veinte e tres de enero del año de dos mil e nueve.


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