
oco tiempo hubimos para haber unas pláticas con nuestros equipos, que la fiesta de
- A fe, Marino – díjome Marcos -, que no me parecen estas fiestas sino para los niños, que son aquestos los que las disfrutan.
- Y así mesmo yo lo creo – respondíle -, que en celebrando que ha nascido el Niño, de hoy a mañana no hay sino otro día e otro año; e destos muchos nuevos he conoscido e unos han sido mejores e otros no tanto.
- Petardos e cohetes también les he comprado – dijo -, pues en llegando el año nuevo, a la puerta querrán salir e hacerlos explotar.
- Suerte – sonreíle – que no son esos ruidos de explosiones sino por el año que comienza e no por acabar con alguna vida que nos fuere de estorbo.
- Así ha de ser – contestóme -; felices están por haber recebido ya los regalos de esos… Reyes Magos. E más felices de haber cada uno hasta 7.000 euros que la suerte, e Su Ilustrísima, les trujeron. No todos los niños pueden haber estas alegrías.
- ¿Por qué no? – pensé -. Prepárese mañana con la señora alcaldesa cabalgata tal que cruce toda Grazalema, que hasta de otros pueblos vengan a verla.
- ¿E quiénes han de ser los tres reyes?
- Eso dejadlo en mis manos – dije -, mas habrán gran cortejo en cabalgada e delante dellos, anunciando su llegada, irá a caballo el auténtico Capitán Alacaída.
- ¿Vos mesmo? – exclamó - ¿Pensáis cabalgar anunciando tal cortejo?
- Así os lo digo, así se hará. ¡Aprestaos en estos días a preparar tal recibimiento!; e comprad tantos juguetes que dejéis las tiendas de Ronda vacías. Con ellos, llenad hasta diez coches grandes e preguntad en el Ayuntamiento qué familias son las más necesitadas.
- ¡Vive Dios que no os comprendo, Marino! – contestóme en riendo -; habéis gastado miles de euros en regalos para todos e también los pensáis gastar para los demás.
- ¿Acaso el pueblo no se merece las alegrías desos niños como nosotros las habemos?
Y en llegando las doce, tomaron uvas (costumbre que a la que no acostumbro) e bebimos e reímos e a la puerta salimos bajo el frío a disparar aquellas municiones que daño alguno habrían de facer, sino dar como comenzado un nuevo año.
Y estando en la obscuridad del campo, rodearon mi cuerpo unos brazos por mi espalda e, creyendo yo era Marcos que a saludarme se llegaba, volvíme e besélo al punto; mas era Lorenzo.
- ¡Feliz año nuevo, excelencia!
En Grazalema e a uno de enero del año de dos mil e nueve.


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