21 enero, 2009

De la empresa de Andrés el guarnicionero

ueron los días volviendo como aguas a su cauce e no podía Marcos en forma alguna saber en qué lugar estaban aquellos hombres gentiles que hicieron luces e fuegos (e otras cosas) para los niños, que ni viajando a Ronda pudo dar con ellos.


- ¡No preocupaos, Marcos! – le dije -, que bien saben ellos que han de cobrar lo pactado e, si no los encontráis, a por sus estipendios vendrán e serán bien remunerados por la demora.


- No quiero pensar, Marino – me dijo -, lo que pensando estoy, pues habiendo, como decís, «magia» de por medio, paréceme magia haber encontrado con asaz facilidad a estos hombres de tal empresa e no dar con ellos agora.


- Acaso… - pensé en voz alta – así como Sus Majestades llegaron e los presentes entregaron sin tocar los de los coches…


- ¡Acaso!


- ¡Úsese pues ese dinero para la fábrica! – dije de contento -, que más bien paréceme otro presente destos Magos. E si al cabo aparecieren los gentilhombres de tal empresa, también ha de pagárseles ¡No habed cuidado en ello!


E anunciónos Cayetano la llegada de Andrés e le hicimos pasar al bufete e le ofrecimos asiento e así como venía azorado e cabizbajo, fuése de gran contento. E gran contento hubimos también nosotros, pues habríamos los mejores cueros para montar; e una silla nueva e más lujosa le dije ficiese para Temprano e para Romero y en ellas debería verse (e leerse) el escudo de mi Casa de la Fuentefría.


- Os aseguro, excelencia – nos dijo -, que tales guarniciones os haré, que no habránse visto como esas en esta Serranía ni en muchos años.


- Tomad nuestras cuadras como taller – le dije – si sitio no habéis suficiente en el vuestro.


- Si como almacén pudiese usarlas… - pensó -; ¡es mucho material el que ha de comprarse!


- ¿Y es suficiente el dinero entregado a cuenta?


- ¡Tanto, excelencia – contestó feliz -, que para todo el material tengo e para vivir un buen tiempo!


- Tomad una parte dél para vuestra esposa e vuestra hija – le dijo Marcos – e, así como los Reyes han traído sus presentes, compradles vos algunos. Trabajo habréis seguro e continuo. No habed cuidado.


E fue como milagro el hacer tal, pues en oyendo mucha gente hacendada que Andrés era en esto experto que para el Capitán curtía, también le fueron hechos encargos para otras fincas.


- ¿Cómo he de satisfaceros esto?


En Grazalema e a veinte e uno de enero del año de dos mil e nueve.

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