la puerta llamaron con insistencia e asomóse Cayetano con su compadre Lorenzo por ver quién avisaba con tales priesas en la cancela que mi finca cierra. E hasta dos coches había esperando e, junto a la reja, estaba el joven de la tienda de Ronda.- ¡Excelencia! – gritó -; perdonad no os atendiese como os merecíais, que no sabía los «portátiles» eran para vos; e aquí los traemos.
- ¿Qué decís? – acerquéme de contento - ¿Aquí ya?
- Sí, señor – respondió ijadeando -, que hasta Sevilla hemos ido por buscarlos e traerlos a vuestra casa.
- Merced que os agradezco, joven – le dije -, e paréceme el dinero es buen acicate. Pasadlos donde os diga e decidme el montante, que bien sé que habréis una buena fiesta del fin del año con lo que por esta venta ganéis. E una buena propina he de daros por traer la mercancía a mi casa (miré a Marinín)… de parte de los Reyes Magos.
- ¿De los Reyes Magos, papá? – abrazóse a mis piernas ilusionado -.
- ¡Sí, pequeño! – le dijo el joven con misterio -, que sabiendo Melchor no podríais haber vuestros equipos hasta pasada la fiesta, hanos encargado vayamos en persona a recogellos e… ¡aquí los tenéis!
E a un lado restó mudo e pasaron los coches e subieron los tres jóvenes a poner cada equipo en su sitio; e hubo gran contento de todos. E tomándolos aparte en mi bufete, hice efectivo el pago de lo pedido e agradecíles hiciesen creer a los niños eran mensajeros de Sus Majestades.
- Aquí, en este sobre – les dije -, habéis una buena recompensa para cada uno… mas no me habéis dicho vuestros nombres.
E mirándose unos a otros en sonriendo, acercáronse a la puerta por salir, hicieron reverencia e dijo uno dellos:
- Melchor, Gaspar e Baltasar, excelencia. Así son nuestros nombres.
E cerró la puerta e a ella corrí mas, cuando lleguéme al salón, viéndome Cayetano como asustado, preguntéle por aquellos tres hombres jóvenes.
- Dentro de una buena pieza han partido, excelencia ¿Quisiéredes mandase a llamarlos?
E sin decir palabra alguna a mi bufete volví y, en entrando en él, encontré una caja sobre la mesa e fui a verla con recelo. Abriendo con cuidado la tapa, allí dentro encontré una nota manuscrita en papel real e un abultado sobre con todo el dinero que húbeles entregado.
En Grazalema e a treinta e uno de diciembre del año de dos mil e ocho.


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