iré a Marcos con disimulo por ver si ya estaba despierto y encontrélo mirando al techo en meditaciones:
- “¿Meditáis tan de mañana?”.
- “¡No tal! – contestó -, sino que pensaba en todos lo pendiente e trataba de poner orden en mi cabeza”.
- “De razón me parece, Marcos – le dije en suspirando -, que he descubierto que hasta yo mesmo olvido mis compromisos”.
E mirándome sonriendo, tiró de mis cabellos:
- “¡Sí olvidáis, Marino! – cerró los ojos - ¡Sí olvidáis!, que muchos compromisos os he oído tomar e algunos dellos no habéis llevado a cabo. Cosa poco importante paréceme agora, pues hay tareas con preferencia ¿Acaso creéis he olvidado cuánto habéis por hacer que no habéis hecho? Si así fuese, lo hubieseis olvidado vos; e tal cosa no me parece os suceda, sino que a mucho os comprometéis e surgen luego de bajo la tierra otros menesteres que van manando”.
- “Como decís es, Marcos – aseguréle -, pues sé que muchas cosas que prometí no he cumplido, mas bien colegís es por ir surgiendo otras y que van acumulándose”.
- “¿E puedo saber por qué agora os turban vuestros incumplimientos? – continuó - ¡Muchos compromisos recuerdo no habéis cumplido desde que os conozco!”.
- “¡Tiempo necesito, amigo! – miré arriba -; los compromisos contraídos hace muchos años, o fueron cumplidos o no son ya necesarios de cumplir. Mas en estos últimos tiempos, en los que más empresas he debido llevar a cabo, hanse quedado mis promesas sin cumplir. Así, dicen algunos que la mejor forma de no incumplir compromisos es a nada comprometerse”.
E incorporándose asustado, miróme gravemente:
- “Si esto decís por el olvido que Su Ilustrísima os ha revelado – dijo -, no lo llevéis a los otros, que siempre podrán hacerse realidad”.
- “¡No ya algunos!”.
- “Pues si esos ya no pudieren cumplimentarse… ¿a qué preocuparse? – levantóse e asomóse a la ventana - ¡Preocupaos por los que podréis cumplir agora, que yo mesmo he de recordároslos si los olvidaseis!”.
- “¡He aquí la cuestión! – pensé - ¿Por qué debéis agora recordarme tales cosas cuando nunca he olvidado ni lo hecho ni lo omitido?”.
- “¿Os preocupan aquellos? – preguntó indiferente - ¿Pensáis van a venir todos vuestros acreedores a pediros cumpláis vuestras palabras?”.
E razonando aquello dicho, comprendí no iba a poder cumplirlo todo mas, temiendo comenzase a olvidar hechos o promesas, pedíle tomase nota de todo e me lo advirtiese algún tiempo antes e miróme con gesto de agrado.
- “Mejor es para vos, Marino – me dijo -, olvidéis lo que hayáis olvidado e comencéis a memorizar agora. Yo os he de ser de un ayuda”.
- “¡Siempre lo habéis sido!”.
En Grazalema e a ocho de junio del año de dos mil e ocho.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario