15 junio, 2008

Del quinto día de espera

soméme a la puerta por ver de entrar el modesto coche de Guillermo, que otro día quiso pasar por casa a hacerme visita e, viéndome Su Ilustrísima allí pendiente, creyó algo ocurría.

- “¡No tal, Ilustrísima! – le dije -, que acaso algo sucede mas no motivo de preocupación pues, vino Guillermo ayer a hacerme alguna consulta y es seguro viene hoy a traerme nuevas de su hermano”.

- “¡Pobre pequeño! – exclamó - ¡Tanto deben hacerle bien vuestro remedio como mis oraciones, que todo el día plugo porque sane e venga aquí a jugar con mis angelitos!”.

E apeóse del coche Guillermo con sonrisa iluminando su bello rostro en mirándome e le hice gesto de contento por haberlo allí en visita.

- “¡Buenos días nos dé Dios! – saludó –“.

- “¡Buenos días! – contestéle -, que a lo que veo en vuestro rostro han de serlo”.

- “Y lo son, excelencia – miróme con emoción -, no sólo por ver a mi hermano mejorar por día que pasa, sino por volver a veros”.

- “También a mí me placen vuestras visitas, joven – sonreíle -; visita que aprovecharemos en paseos por aquesta finca ¡Venid, que Cayetano pondrá vuestro coche a buen recaudo!”.

Anduvimos una pieza finca adentro, entre los ya secos caminos refrescados por las sombras de algunos árboles e, dentro de pocos minutos, observé me miraba con disimulo de vez en cuando e nada decía. Así, dejé de andar tomándole por el brazo e volvióse a mirarme.

- “A fe, excelencia – me dijo temeroso -, que no vengo hoy a hablar de mi hermano cosa alguna, pues sigue reponiéndose, sino que a vos vengo a veros e a oíros pues me hacéis sentir tranquilo de espíritu e…”.

- ¡Decidme!

- “¡Inquieto de cuerpo! – dijo azorado -; y excúseseme tal atrevimiento al decir aquesto”.

Apreté su brazo e tiré dél hacia mí a la sombra de una encina e temblaron los sus sonrosados labios al verme de cerca e se abrieron los sus ojos en mirándome.

- “¡No temed, Guillermo! – le dije - ¡Bien sé a qué clase de inquietud os referís!”.

E allí estuvimos juntos una larga pieza e no creía yo estuviese a su lado, pues pensaba un noble no iba a acercarse nunca a un jopiche grazalemeño.

En Grazalema e a quince de junio del año de dos mil e ocho.

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