06 junio, 2008

Del extraño pudor de Su Ilustrísima

cercándose ya la hora del almuerzo, no moviéndose aire alguno e notándose el calor aún con las ropas de verano, vino Marinín, como si portavoz fuese, a decirme que si habían permiso para tomar unos baños, pues ya estaba la piscina preparada para el estío.

- “La temperatura paréceme atinada para un refresco en las aguas – le dije -; avisad a vuestros hermanos e, siguiendo las normas, bajad cubiertos hasta el jardín e aquí podéis quitaros el resto de las ropas antes de pasar bajo esa «duchas» para quitar el sudor”.

- “¿E papá Marcos e vos no tomaréis baños con nosotros? – preguntóme ilusionado -; nos justa jugar con vuesas mercedes”.

- “Preguntad eso a Marcos mientras resuelvo yo otros menesteres”.

E yéndose el pequeño a buscar a su otro padre para pedir la venia, acerquéme a Su Ilustrísima, que no muy buen humor había con tanto ruido, e hube una corta plática con él.

- “La época de los baños ha llegado – le dije -, e bien sé que no os place ver nuestros cuerpos desnudos en la piscina”.

- “No es como lo decís, sobrino – espetó sin levantar la vista de su libro -, mas no es igual ver el cuerpo de mis angelitos jugando con las aguas y sus juguetes, que ver el de de Marcos y el vuestro como si niños fueseis, enseñando vuestras adultas vergüenzas”.

- “Para ello, Ilustrísima – le dije como en secreto -, he pensado en algo que quizá os agrade, pues cuando tomen baños vuestros angelitos, podréis verlos en sus juegos e, si tomásemos baños con ellos los adultos, pondría yo aquí un biombo chino de tela que la luz deja pasar para vuestras lecturas e cubriría esa vista que os parece pecaminosa. Decidme lo que pensáis”.

- “¿Qué biombo es ese que yo no he visto? – preguntó con interés -; si es así como lo decís, ponedlo cerca que yo lo retire para ver a mis angelitos y lo ponga ante mí cuando no todos sean tan inocentes”.

- “En la sala de arriba está – le dije – e lo habéis visto, mas no habréis prestado atención”.

- “¿Es que acaso van a empezar los baños cuando no empezaban hasta la bendición de las aguas para la Virgen del Carmen?”.

- “Acaso – insistí -, os gustaría bendecirlas agora, pues quieren los pequeños refrescar sus cuerpos”.

- “Si tal es cierto – me miró interesado -, dejadme ir a por el hisopo e yo mesmo bendeciré las aguas e su primer baño”.

Levantóse con dificultad e fue tranquilo a la capilla mientras apareció Marinín de contento y en diciéndome que papá Marcos quería jugar con nosotros en los baños. Así, subí a priesa a por el biombo e lo puse plegado cerca del asiento de Su Ilustrísima. En esto, aparecimos todos juntos de tal guisa que hubo que poner orden. Su Ilustrísima encargose de decir dónde debería estar cada uno durante la bendición e dijo sus latines e todos contestamos. E terminada que fue la ceremonia, puso un tanto abierto el biombo ante sí, pues algo de sol le quitaba y esparcía la luz. Así, los seglares grandes e pequeños, nos despojamos de nuestras vestiduras e saltamos juntos a las aguas por inaugurar los baños.

E mirando yo con perspicacia hacia la casa, vi a Su Ilustrísima disfrutar de nuestros juegos asomado con cautela por encima de las maderas que tensaban las telas del biombo.

En Grazalema e a seis de junio del año de dos mil e ocho.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario