10 junio, 2008

De nuestros trazados y los de otros (2/4)

arecía haber una mirada un tanto inquisitoria en los rostros de Marcos e de Su Ilustrísima pues, en sabiendo yo que aquel niño aún no debería estar demasiado enfermo, si había remedio a su mal, ¿a qué correr?

Levantóse al cabo Marcos con grande enfado en gritándome no tenía corazón que sintiese el dolor de dejar morir a ese niño.

- “¡Erráis! – le dije con calma -; no voy a dejarlo que sufra más, por lo dicho por el doctor; ese tal mal incurable, no ha de producirle grandes dolores, sino malestar”.

- “¡Así es, excelencia! – dijo el médico sorpreso -, que al no dolerle ha podido aguantar esa carga hasta que su cuerpo se ha vuelto débil. E mucho temo que hasta más de un mes no dure su vida”.

- “Un mes no he de demorarme en ir a verlo – le dije con cierta sorna -, sino que antes de ir quisiera saber cosa alguna que no razono”.

- “¡Preguntadme lo que fuere menester, Capitán! – contestó el médico al punto -; yo he de daros cuanta explicación necesitéis si está de veras en vuestras manos la vida de Pablito”.

- “No, doctor – contestéle como en pensando -, pues sus remedios curativos e los míos han grande diferencia e, conociendo en detalle la Medicina que vos mesmo habéis estudiado, aunque no he examinado, sé la clase de mal que aqueja al pobre Pablito. Diría yo que algo podría hacerse e, al decir esto, creo no yerro. Mas lo que en realidad me importa es saber cómo un doctor en Medicina viene como loco a llamar a mi puerta, pues hasta agora, si se me permite decirlo con claridad meridiana, no he encontrado a médico alguno cuyo orgullo le permita hacer lo que vos estáis haciendo: venir a pedirme un ayuda”.

- “Olvidad, os lo ruego, excelencia – casi se postra en hinojos -, soy médico, sino mensajero desos niños que no quieren a su amigo enfermo e creen el Capitán ha de sanarlo”.

- “¿Lo creéis vos?”.

Nos miró rápidamente e muy quedo e nadie osó decir palabra alguna esperando su respuesta mas, al cabo, con lágrimas en los ojos, habló.

- “¡Lo creo, Capitán! – dijo -; e no sólo lo creo por la fe desos niños ni vengo a buscaros porque me lo rueguen, sino que he oído ya de vos la curación de otros tantos; e no sólo están vivos e sanos, sino que aprovechan como no lo hacían antes”.

- “Aclarado pues el punto que me faltaba – dije en levantándome -, esperadme aquí no más de cinco minutos, que estos críos esperan al Capitán con su atuendo como todos esperamos a los Reyes Magos con sus coronas e su grandeza”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario