23 junio, 2008

De las palabras correctas o incorrectas

ubimos esta mañana Marcos e yo grande discusión pues decía él yo no usaba las palabras correctas por llamar a cada cosa por su nombre e decíale yo llamaba a las cosas por su nombre e no por los inventados agora.

Púsome como ejemplo de todo ello que no debería escribir «deuvedé», sino «DVD» e, tomando el Diccionario de la Real Academia Española, preguntéle dónde decía había que escribir la tal cosa así. Pensando él acaso yo no había conocimientos del uso del malogrado castellano que hácese hoy, esperé diérame respuesta.

Hizo consulta acá e acullá e también la fizo en su estuche portátil (que un diccionario hay en él y es llamado Drae).

- “¡No, Marino! – exclamó - ¿Por qué os negáis a aceptar los cambios que en el castellano hanse hecho?¿Acaso no razonáis que hay cosas nuevas que surgen e se asacan e hay que darles algún nombre?”.

- “¡Tal no he dicho, Marcos! – traté de calmarlo -, que bien sé hay cosas reales, e irreales, nuevas, e que algún nombre han de tener. Acaso sois vos el que no recordáis cómo llamaban a las cosas en las Américas, que más sentido había decirle a un estuche portátil «notebook» que «portátil» o «portable» ¡Santo Dios!, pues es portátil adjetivo que hase sustantivado e «portable» no es cosa alguna, sino palabra inglesa”.


E mirándome con extraño, acercóse a mí e miróme a los mis ojos sin pestañear.

- “¿Queréis decirme, Marino – preguntó estupendo -, que seríais capaz de hablar el castellano como agora lo hacemos e seguís haciéndolo como hace ya 500 años?”.

- “¿E por qué no? – reíme - ¿No habéis visto he conservado mis costumbres e mis ropas e mis armas? ¿A qué no conservar también el castellano que por entonces hablaba? Piensa la Academia debemos llamar a estas diabólicas máquinas «ordenadores» e no «computadoras» porque no sólo limítanse a hacer cómputos, sino que también ordenan datos de todas clases ¡Pues yerran! No son éstos ordenadores, pues no sólo dedícanse a ordenar, sino que también hacen cómputos; e si su nombre original en inglés es «computer», ¿a qué llamarle ordenador?”. E por no llamarlos ni de una forma ni de la otra, que correctas no me parecen, digo estuche, que es lo que verdaderamente son hasta no se use la palabra propia”.


- “Mirad soy verdadero, amigo – insistió -, que tal no os digo por corregir lo que decís, sino porque se os entienda ¿Acaso es de razón para vos llamar a esto (mostróme el estuche de retratos) «estuche» siendo una «cámara de fotos»?”.


- “Que sea una cámara obscura no dudo – insistí yo -, mas a eso de «foto» no me avengo, que en siendo «fotografía» del inglés «photograph» aún lo aceptaría, pues no es más que un gráfico de luz hecho en papel”.

E no hube respuesta, sino que bajamos a desayunar e volvióse a hablar del tal tema e, aunque Su Ilustrísima como yo pensaba, advirtióme usase aquestas nuevas palabras por ser mejor entendido. E con extraño miráronme los pequeños.


- “¿Acaso pensáis, hijos – les dije –, es de razón digáis que habéis de «resetear la cepeú porque se os cuelga un draiver del soft»?”.

E mirando luego a don Juan, otro tanto aclaréle:

- “Así como vuesa merced ha de decir la misa en castellano, aún pensando que la misa ha de ser cantada en latín por ser entendida por todos los cristianos ¿A tal os referís?”.

En Grazalema e a veinte y tres de junio del año de dos mil e ocho.

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