ayo florido y de cruces engalanadas y rezos a Santa María, que trujo consigo el disgusto de Su Ilustrísima al no poder celebrarse la misa solemne que tenía en mente y las comuniones que esperaba, pues en llegando la mesma mañana en que se haría la ceremonia, presentáronse aquí el arquitecto y los obreros bien dispuestos a echar media casa abajo por levantarla luego como se había pensado.- “Ilustrísima – lo consolé -, pensad en que será obra urgente porque dure poco la empresa e, cuando estemos de vuelta de nuestra casa del pueblo, no sólo encontraréis la cruz con la que queréis rematar la torre desta su casa, sino que habrá mejorías en el salón con las dos chimeneas que anheláis, mejorarán los baños, que así lo ha dicho el arquitecto, y se subirá el altar de vuestra capilla hasta dos escalones con suelos de mármol rojo en toda ella. Hame prometido que si el tiempo y las autoridades no lo impiden, antes del final deste devoto mes de mayo que entra, en esta casa volveremos a estar. Preparad pues todo para los días postrímeros, que bien podría hacerse la ceremonia el día de María Auxiliadora, pues se nos asegura la vuelta el día 19 del venidero”.
- “Vuestras palabras son consoladoras sin duda – contestó -, mas ya sabéis que cuando en la mente y en la capilla todo está preparado para tal acontecimiento, aunque no haré pataleos de chiquillo, me contraría”.
Así pues, aún estábamos sacando equipajes de la casa cuando ya los obreros habían echado abajo la mitad della. Celebróse el mes de María con gran devoción en Grazalema y ya hoy, como manifesté a Su Ilustrísima, de vuelta en la casa estamos.
E son los niños felices de ver cuán mejorada está su estancia, la piscina, el salón e los baños e asómbranse de ver la cruz forjada en el remate más alto de la casa. E así mesmo, no puede disimular Su Ilustrísima su sonrisa cuando mira a la casa hacia el cielo.
- “Un detalle no ha quedado muy disimulado – me dijo Marcos -, pues aún retranqueando el solarium algunos metros hacia la piscina e con los nuevos exornos, queda la cruz muy cerca. Esperemos Su Ilustrísima no tome como ofensa lo hecho”.
- “No ha de ser así, querido Marcos – contestelle -, que aunque la cruz se deja ver desde la entrada a la terraza, a mi razón no alcanza que Su Ilustrísima suba a ver la tal azoteílla; e no me parece irreverencia, que harto está Dios desde hace siglos de ver los cuerpos que Él mesmo una vez creara”.
- “Pues si Dios así nos trujo al mundo – exclamo abrazándome -, decidme cuándo dio la orden de que nos cubriésemos”.
- “Tal cosa habría que preguntársela a su ministro, que no concibo las ropas sino para guardarnos del frío ¿Pensáis sería atinado tomar baños con ellas?”.
En Grazalema e a veinte de mayo del año de dos mil e ocho.


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