asado ya el almuerzo y en el tiempo del descanso, acercóse a mí sonriente Víctor e tiró de mi manga como siempre lo hace mi pequeño Antonio. Supe en ese instante que venía a decirme alguna cosa que no era cotidiana. Mirélo con atención e no apartó los sus ojos de los míos.- “Muy solo me siento sin compañía, excelencia – dijo -, pues está esta casa en las afueras del pueblo e bien lejos de Sevilla e incluso de Ronda. Sabéis bien cuáles son mis sentimientos”.
- “Sin duda, Víctor – contestéle -, e bien sé que dedicáis mucho tiempo del día en educar a mis hijos en una labor digna de respeto y encomio. Esos sentimientos que decís, deben ser satisfechos, que una mente que tiene sus pensamientos en una cosa no los puede tener en otra ¡Venid conmigo!”.
Subimos a la parte alta de la casa e nos vio Su Ilustrísima acercarnos a mi estancia.
- “Paréceme don Marcos descansa, sobrino – me dijo -; no perturbéis sus sueños”.
- “No los perturbaré, Ilustrísima – contestéle -, que lo que tenemos que decirle va a placerle”.
E allí estuvimos con Marcos una buena pieza en pláticas por solucionar lo que a Víctor le entristecía e, sabiendo Marcos más desas cosas que yo mesmo, dióle unos consejos y descansamos juntos e dile yo unos masajes en sus espaldas como otra veces e hubo acuerdo de no dejar que el maestro sufriera más el mal de la soledad.
E cuando de allí salimos e bajamos, jugaban los niños cerca de Su Ilustrísima, que estaba ya en sus lecturas e tomando su café y, en viendo Marinín la sonrisa de su maestro, corrió hacia él e abrazólo asiéndolo con fuerzas por sus piernas en diciendo:
- “Os lo dije, maestro. Mi papá tiene soluciones para todos los males”.
E miró Su Ilustrísima por encima de sus gafas confuso, que no sabía de qué mal e de qué solución se hablaba. Así, se fueron también a jugar de contento Antonio e Carlitos e subieron a la estancia e sacaron sus mejores juguetes.
Bien sé que Su Ilustrísima algo imaginaba de lo ocurrido por su gesto, pero parecióme siguió en sus lecturas por señalarme que no iba a entrar en esos secretos.
En Grazalema e a veinte e tres de abril del año de dos mil e ocho.


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