16 abril, 2008

Del arreglo de las ropas

n llegando ayer a la casa, salió a recebirnos Cayetano con su pequeño Marino y llamó a María para bajar todos los bultos. Le dije a María que diese aviso a doña Pastora para que viniese hoy a casa e, a primeras horas de la tarde, como hacía casi siempre, vínose a almorzar con nosotros. La algarabía de los pequeños era siempre grande, mas esta vez, al traer ropas nuevas, le manifestaron todo lo visto en Sevilla y, entre sus pláticas, llamaban a doña Pastora «mamá» e a mí «papá». Pude observar entonces una extraña mirada de Su Ilustrísima, que a más seguro, no había visto cosa igual en su vida.

Felices mis niños (cuéstame trabajo el decir «nuestros» aunque lo son), hablaron doña Pastora, doña Marta e María de cómo harían los arreglos e determinaron que sería de menos estorbo arreglar las ropas de los pequeños e luego las nuestras. Así, después de un corto descanso después del almuerzo, comenzaron las pruebas. Vinieron lágrimas a mis ojos de ver a los pequeños vestidos como mayores e con ropas ricas e sus caras de felicidad al ver que María, doña Marta y doña Pastora los subían a una banqueta e ponían los pantalones ajustados a su talle.

- “Pondremos - dijo María – todo ajustado a su tamaño, que entre doña Pastora e yo no tardaremos más de dos tardes en hacer todos los arreglos”.

- “Bien me parece el tiempo en que ha de hacerse – dije -, que no hay priesas agora pues hasta el domingo no se usarán, pero hemos traído – véalo vuesa merced con los sus ojos – unas ropas que nos han dicho serían apropiadas para el pequeño Marino ¡Buscad en esa bolsa!”.

E María, emocionada, acercóse a mí como si a besarme fuera e, coligiendo yo era su deseo, acerquéme a ella e, mirando antes a Cayetano, díle un beso en la cara e dejé ella me besase.

- “¡Mi hijo con ropas tan ricas, excelencia!”.

- “Así ha de ser, mujer – le dije -, e no se ha comprado toda la ropa del servicio porque, a fe que recuerdo todos tenéis ropas lujosas e aún no se han estrenado, que para la Navidad se compraron y en el otro lado del mundo estábamos. Estrénese pues lo mejor”.

- “No quisiera yo hacer desto un «pase de modelos» - rió Su Ilustrísima -, mas he traído de Ronda los mejores paños para la liturgia: corporal, palia, hijuela… e por no ser menos a los ojos del Señor, traigo la casulla bordada en oro que sólo usé en el año dos mil. Vistamos nuestros cuerpos de ropa nueva e nuestras almas también, pues quien quiera confesión para entrar en Gracia en esta nueva época de nuestras vidas, puede pedírmela”.

- “Paréceme todos deberíamos asearnos por fuera e también por dentro – dijo el inspector leonés -, que la ocasión creo lo merece”.

- “Preparemos entonces toda la casa – dije -, para acoger en ella también a Dios Nuestro Señor”.

En Grazalema e a diez y seis de abril del año de dos mil e ocho.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario