os días llevábamos ya de viento e lluvia, casi tres, de la que todos los grazalemeños conocen e, aprovechando Su Ilustrísima estábamos solos en el salón en nuestras lecturas, levantó la vista de su libro e me miró grave.- “Buena idea es esta de mantener la casa a su temperatura con esas calderas, sobrino – me dijo -, mas echo a faltar el fuego en el hogar para acercarme y entrar en calor”.
- “Agora que hacéis tal comentario – le dije -, pensaba yo también en el tiempo del otoño, cuando a los pequeños les gusta jugar con el fuego, asar sus castañas e tostar pan para untarle ajo e aceite”.
- “Me agrada me deis la razón – dijo riendo – e no como se les da a los locos ¿No echáis a faltar el fuego ahí cerca?”.
- “Lo echo, Ilustrísima – le dije -, aunque bien no he razonado sobre esto hasta agora. Sabed que tengo hablado con el arquitecto se hagan los cambios necesarios. Uno dellos, será el de poner ahí una chimenea aunque la casa se caliente con la caldera”.
- “Agora que más tiempo estoy con vuesas mercedes – aclaró -, voy viendo cómo se mueve esta familia, e ya sabéis no me gusta llamarla así. Si hubiese agora una chimenea olería la casa a mi sotana tostada”.
- “Cierto es eso – le dije -, aunque en las habitaciones no las haya, que estando templadas, no hace falta fuego alguno”.
E mirándome con misterio estuvo una pieza en silencio e habló luego:
- “Indiscreto no quiero ser, sobrino, mas… ¿no habéis notado una extraña tristeza en la mirada del inspector?”.
- “Sin duda, Ilustrísima – razoné -, en un aprieto se halla, que nadie va a creer no ha intervenido en esta matanza”.
- “¡Dios perdone a todas esas almas, a vuesas mercedes e a los inspectores! – levantó la vista al techo -, que no hay otro remedio a veces que la guerra para obtener la paz. Mas si esta guerra va a traer problemas a los inspectores, yo mesmo he de defenderlos”.
- “Si ni vos ni yo habemos una solución – le dije -, a mi hijo Marinín preguntaré y es seguro me dirá las medidas a tomar”.
- “Es un ángel, sobrino, es un ángel ¡Ya os lo he dicho!”.
En Grazalema e a ocho de abril del año de dos mil e ocho.


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