02 abril, 2008

De la llegada del inspector leonés (1/2)

uise yo que preparárase un grande recibimiento para el inspector que, así me dijo «el chusco», muy de mañana llegaría e, por no dar paseos arriba e abajo por la ribera e mudándose las ropas, avisó a su esposa por teléfono e con nosotros pasó la noche.

Ya temprano, estábamos todos a la espera – Su Ilustrísima el primero – e dimos a los niños un pazco desayuno por haber otro de recibimiento mucho más abundante.

Al fin, sonó la llamada de la cancela e, acercándose Cayetano a la puerta, vio eran ellos, abrió la verja y esperó a que llegasen. Todos le esperamos en el recibidor e vímoslo entrar solemnemente, sonriente e saludando a todos. Hubo grandes parabienes con Marcos e conmigo, saludó con máximo respeto a Su Ilustrísima, que le bendijo e dióle la bienvenida e restó quedo mirando a los niños.

- “¡Santo Dios, excelencia! – musitó -, sobre la Biblia juraría yo que estos son sus verdaderos hijos, que tal parecido tienen, que si me decís son vuestros lo creo”.

- “E míos son – le dije en risas -, mas no de la manera en la que vos estáis pensando”.

- “Tres bellezas en cuyos ojos puede verse la bondad – agachóse a mirarlos sonriente - ¡A ver, pequeños! Yo os digo mi nombre y vuesas mercedes me dicen el suyo. Llámanme Jacinto, aunque mi nombre es Froilán Jacinto”.

E los niños le sonrieron e le hicieron reverencia desde el mayor al más pequeño diciendo cada uno su nombre.

- “Otro pequeño hay en la casa – le dije -; hijo es de nuestra criada María e algo más tarde lo veréis ¡Pasad, pasad e dejad vuestras cosas! El servicio las recogerá e las subirá a vuestra estancia”.

- “Habrá que esperar un momento – me miró como cómplice -, que quisiera yo abrir esta valija por sacar tres cosas que necesito”.

- “¡Cayetano! – dije al punto -, ayudad al inspector a abrir esa maleta e a sacar eso que dice necesita”.

E abriendo la maleta, sacó tres cajitas envueltas en papel dorado y entrególas a los niños.

- “Lo que ahí dentro viene – dijo – es igual para los tres e de León han venido a Grazalema conmigo para vuesas mercedes. Es valioso e necesita leáis cómo usarlo por no estropearlo. Si lo cuidáis, toda la vida puede duraros”.

E hubo gran ilusión en el rostro de los pequeños e pasamos al salón.

Hubo muchos saludos e muchos halagos que, según dijo el inspector, sabía de la nueva casa, mas no pensaba era por dentro palacio. E así, pasamos al comedor e puso el servicio desayuno como otro no se había puesto. E los niños tenían a su lado cada uno su caja dorada con una pluma de auténtico oro.

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