18 abril, 2008

De la falta de llamas para alivio del frío

olvieron el viento y las lluvias e la humedad e volvió Su Ilustrísima a recordarme algunas cosas:

- “Sé, sobrino – me dijo -, que la casa con agua caliente e oculta se calienta. Y caliente está si se asoma uno a la puerta; mas está húmeda. Falta el fuego que evapore la humedad desta casa ¿No se dice que con la humedad duelen las heridas e así mesmo cuando cambia el tiempo? Pues debe ser la humedad de la casa o un cambio de tiempo cercano, que la herida de la pierna, la que curó Marinín, me está doliendo”.

- “¡Ay, Ilustrísima! – repuse -, que si yo sintiese dolores en todos los lugares de mi cuerpo que han sido heridos, estaría ahora en la cama y tomando pastas desas blancas e verdes a las que llaman Nolotil cada media hora. Mas no habéis de preocuparos, que pasada la inauguración que nos es tan cercana, he de poner aquí, junto a vos, una chimenea para vuesa merced e, habiéndolo pensado con calma, otra pondría en aquella esquina”.

- “Es seguro – reflexionó -, que vuestro padre calentase la casa con esa caldera, pero intuyendo que era más listo que vos e yo e otros muchos que no voy a mencionar agora, habría un lugar dentro de la casa para el fuego y es de seguro también que habría algún sistema para refrescar la casa en verano, que estas tierras son tan calurosas como las suyas”.

- “En tal no había pensado, Ilustrísima – le aclaré -, porque ya tiene la casa un sistema desos de refrigerar. Olvidad pues los calores del estío e aguantad unos días hasta que se hagan las chimeneas”.

- “No os lo digo por ser caprichoso – dijo -, ni oneroso quiero ser para vos, pero estos niños con tanta humedad…”.

- “Esperemos entonces”.

- “No es necesario, sobrino – me sorprendió -, que siendo el servicio del pueblo e usando la sabiduría popular, han encendido unas llamas en la parte trasera, la que da al jardín. E allí iré dentro de un rato por acercarme al brasero e curar estas molestias”.

- “No creo sea algo de costumbre – dije -, pero ¿le estaría permitido al dueño de la casa acercarse a esas brasas? Mucha lluvia viene, según creo”.

- “Vuestra es la casa, vuestro lo que estos llaman «porche» y vuestro es todo lo que aquí se halle ¿Cómo se os va a prohibir disfrutar del brasero?”.

En Grazalema e a diez y ocho de abril del año de dos mil e ocho.

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