24 abril, 2008

De cómo se acercaba el buen tiempo

ún no sabíamos las consecuencias que traería el ataque a la casa del inspector Mendoza, el chusco, pero entrambos inspectores deberían partir ya hacia sus puestos. No teniendo el chusco la casa que había en la ribera, le fue asignada una en el pueblo e así, el inspector leonés fuése a Sevilla a tomar su nave para volver a su tierra de Castilla. Quedamos entonces en la casa «la familia» con Su Ilustrísima, Víctor y todo el servicio e nos hizo visita el arquitecto a quien manifesté mis deseos de cambiar algunas cosas.

Prometióme el arquitecto que, según los detallados bocetos que yo le entregué, en poco tiempo podrían comenzar las obras, que parecía venir tiempo seco. Así, quedarían terminadas en poco las dos chimeneas del salón y el remate en cruz de la torre, cosas ambas que placían mucho a Su Ilustrísima.

- “Es mi deseo – dijo -, e así lo sabe ya mi sobrino, correr con los gastos del remate de la torre e quisiera yo una cruz bien proporcionada e mejor forjada. Por tanto, le rogaría hiciese dos proyectos por separar la obra de las chimeneas de las del remate”.

- “No ha de preocuparse por tal Su Ilustrísima – dijo el arquitecto -, que dello tengo ya nociones e será la cruz como pocas se ven en toda la Serranía”.

E Su Ilustrísima veíase lleno de satisfacción, pues lo más alto de la casa, el remate en cruz, sería obra suya. Aunque no sabía que la terraza aledaña que en alto quedaba oculta a la vista desde cualquier otro lugar, iba a convertirse en lo que es agora llamado «solarium» e que no es sino lugar para ponerse al sol como los lagartos e como nuestras madres nos trujeron a este mundo.

E así, pensando ya en la piscina y en el solarium y el caluroso estío, le dije a Marcos que quería saber con mejor detalle sobre la marca que llevaba mi hijo entre sus piernas e que pareciera copia de la mía.

- “Pintada no es, Marino – me dijo –, que tal cosa con el baño desaparece y el que vimos sigue en su sitio. E tampoco es tatuaje, que para tal labor y en tal sitio tendríais que haber dado vos vuestro consentimiento”.

- “Dejemos entonces pasar unos días – le dije – e llamarélo a nuestra estancia. No es Marinín criatura que se asuste porque su padre lo vea desnudo e no lo será porque yo le pida me enseñe la marca. Mas, quisiera yo saber cómo es posible tal fenómeno, que no soy su padre según la naturaleza”.

- “Olvidáis acaso, Marino – observó Marcos -, el parecido que tiene con vos y el parecido que tienen sus hermanos con él. No es cosa que pueda razonarse, como no se puede razonar que estéis vivo y con ese… cuerpo después de tanta vida”.

- “Algún fenómeno produce todo esto y nos es desconocido – le dije -, que sólo con estar a su lado, sus hermanos aprehenden todo lo que él sabe e tiene conocimientos que un niño de ocho años no razonaría ¿Habéis observado su facilidad para hablar en cualquier lengua o cómo puede blandir una espada con agilidad que yo no tenía a sus años?”.

- “¿A qué preguntarnos esas cosas? – concluyó Marcos -; aceptémoslas como son e sin razonarlas. Mas también me gustaría saber cómo ha salido esa marca en su cuerpo”.

En Grazalema e a veinte e cuatro de abril del año de dos mil e ocho.

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