22 abril, 2008

De cómo aprovechamos el tiempo

stando ya los niños en sus liciones con el maestro Víctor, salimos a dar un paseo Su Ilustrísima, Marcos e yo por ver todo lo que el viento y el agua habían maltrecho. Así, determinó Marcos que habría que buscar un par de jardineros más para no sólo arreglar lo caído e roto, sino para cambiar algunas cosas.

- “En el pueblo, sin duda – dijo Su Ilustrísima -, habrá buenos jardineros. A doña Pastora, cuando venga a la tarde, podríamos preguntarle por alguno”.

- “También quisiera yo rematar – le dije – la pequeña torre que flanquea la terraza que mira a Montecorto con una cruz, que habría de ser de hierro forjado en prevención de nuevas ventiscas, que no son raras en estos lugares de la sierra”.

- “Quisiera yo entonces – apuntó Su Ilustrísima – pagar la tal obra como regalo a esta «familia», que no sólo me ha dado momentos felices sino que también me ofrece compartir tejado e yantar”.

- “Sea como queréis – le dije -, que no habrá remate más alto en esta casa que la susodicha cruz e a vos representará aquí, en la tierra, y al Señor en los Cielos”.

- “Provechoso ha sido el paseo – dijo Su ilustrísima fatigado – e ya va siendo la hora del bocado, que ha de ser también provechoso hasta la hora del almuerzo. Aprovecharé por hacer algunas lecturas, que quiero saber esta vez cómo deben hacerse esas obras de remate e las otras de las chimeneas”.

- “Visitaré yo a Víctor e a los niños – dijo Marcos -, que quiero saber si están aprovechando el tiempo después de tanto descanso”.

- “Pues tengan vuesas mercedes buen provecho – les dije – que he dejado ciertas cosas sin escribir e quisiera yo aprovechar el tiempo que nos queda hasta medio día por terminarlas”.

En Grazalema e a veinte e dos de abril del año de dos mil e ocho.

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