erminado el largo viaje al que nos llevó Marcos, retomo mi diario no sin antes manifestar mi asombro por todo lo visto y oído, que más que sentir haber estado en la otra parte del mundo, hemos sentido estar en otro mundo diferente, de forma tal, que insistían los niños en no volver a Grazalema y, sin decir nada desto, comencé yo mesmo a pensar que allí podríamos poner nuestra casa, mas, no así pensaba Su Ilustrísima, que como ya dijo antes de salir, más prefería lo tranquilo destos pueblos.Viajamos a Sevilla todos en nuestro coche e dio Marcos el encargo a Rafael de ir cada quince días a cuidar dél. No hubimos de esperar mucho tiempo e pasamos a una nave grande como palacio e llena de gentes que podíanse oír hablar en varias lenguas, aunque casi todos ellos hablaban español o inglés, pero con extraño acento. Fue largo el viaje e hube de preguntar a Marcos me explicase cómo era posible haber comenzado el viaje a las doce del medio día y, tras más de siete horas de viaje, llegar al otro lugar una hora y media más tarde. No demasiado cerca del lugar de nuestra llegada, tomamos un coche grande e fuimos viendo carreteras e casas e gentes que nunca antes habíamos visto hasta llegar al hotel, que también era como palacio, donde pasamos los primeros días. Y eran las gentes destas tierras muy cordiales e con ellos hablábamos mucho por aprehender su acento, que a veces, más que inglés parecía otra lengua.
De una ciudad viajamos a otra y desta a otra más, mas en ningún momento nos sentimos fatigados, pues en cada una dellas parábamos hasta veinte días, veíamos sin priesa las maravillas que se mostraban ante nuestros ojos y descansábamos días enteros en el hotel, que dentro de sí tenía lugares tan bellos, que quise Marcos tomase nota para poner alguno parecido en mi modesto palacio. E yo mesmo compré papel e una caja de lo que llamaban «coulor pencils» e hice algunos bocetos.
No quiero fatigar a vuestras mercedes narrándoles todo los visto, mas sí me gustaría supiesen que, los primeros días, tuvimos dolores en la nuca, pues eran tan altos los edificios como nunca los habíamos visto e, para ver su parte alta, había que retirarse a los frondosos e grandes jardines o levantar la cabeza. No todos eran edificios de gran talla e altura, sino que en alguna ciudad rentamos casas de una sola planta e de gran tamaño con servicio e mayordomo; e algunos dellos eran negros o chinos o americanos que hablaban español.
Recorrimos ciudades de todo aquel país que es llamado Estados Unidos e Marcos fue mostrándome en un mapa dónde estábamos, de tal forma, que ni yo mesmo sabía cuál sería la ciudad de la siguiente visita. Era el país tan grande, que para ir de una ciudad importante a la siguiente, deberíamos volar, que las distancias eran muy grandes. Así, Su Ilustrísima, a veces preguntaba con ilusión cuándo sería el siguiente vuelo, pues sobre las nubes sentía e le parecía estar más cerca de Dios, no por la altura, sino por la belleza que vio había construido para nosotros. Sólo en dos de los viajes notamos que la nave vacilaba e, los niños, que a nada temen, siguieron sus juegos e, Su Ilustrísima e yo preguntamos a Marcos si habría algún fallo, mas nos consoló éste en diciéndonos que el movimiento era poco e producido por los grandes vientos de aquellas tierras. Aún así, la primera vez, observé cómo Su Ilustrísima destrozaba nerviosamente entre sus manos las hojas de noticias (newspapers) que le habían entregado al llegar.
Fueron los vuelos revueltos, e hame pedido Marcos no desvele el orden en que se visitaron las ciudades, más sí puedo decir que estuvimos en lugares llamados New York, Boston, Philadelphia, Denver, Houston, Chicago, Montreal (ciudad del país vecino por el frío norte e que es llamado Canadá donde se habla también el francés), e visitamos unas tierras llamadas California donde muchas de las ciudades tienen nombres españoles, de santos casi todos ellos, e fueron estas tierras las descubiertas por mi tío don Álvar a donde llevó nuestra fe. E también visitamos otros lugares donde la gente hablaba español (aunque con algunas raras palabras). Así como lo prometió lo cumplió, que restamos muchos días en la ciudad de la fantasía que era maravilla de ver e que cambió a los niños, quizá para toda su vida, e la mía quedó marcada en un antes y un después por ver su contento. E toda ella fue idea de un hombre llamado Walt Disney.
E no queriendo revelar mucho más de nuestro luengo viaje y estancia en aquellas tierras, sí quiero decir a vuesas mercedes que llevóme Marcos a lugares inesperados, entre montañas y bosques; lugares salvajes e bellísimos por donde en algún momento vivió mi padre.
Vueltos al fin del periplo, fuimos recebidos con grande algarabía e chirimías e nos dieron muchas músicas a todas horas e vino la excelentísima señora alcaldesa doña María José Lara Mateos a preocuparse personalmente por nosotros e a manifestarnos ella mesma había cuidado de la construcción de la nueva casa de Fuentefría e sentíase orgullosa de haber dado al pueblo algo que le faltaba, pues aseguróme que, como yo le dije, la reja de la fuente, encajaba en su sitio como anillo al dedo. Así, invitéla a nuestra primera visita e a un almuerzo de honor. E pocos días después, lleváronse sólo los muebles necesarios, que todo estaba ya bien aderezado. E fue para mí gran sorpresa que la puerta que otrora diese paso a la cripta de mi hermano en Ronda, diese paso a mi alcoba compartida con Marcos. Sorpresa esta que fue idea de Su Ilustrísima, pues era puerta tallada en madera, de grande anchura e altura e de edad de muchos siglos. E así como he detallado a vuesas mercedes nuestros viajes y estancias en otras tierras, he de describilles cómo ha quedado nuestro modesto palacio, mas esto será para cuando yo bien lo conozca.
En Grazalema e a veinte y tres de marzo del año de dos mil e ocho.


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