30 marzo, 2008

De cómo cuidaba Marinín de su tío Juan

n el acogedor rincón derecho del fondo del salón, sentámosnos todos como en familia poco antes del almuerzo; a la hora del bocado de Su Ilustrísima, que ya era también bocado nuestro. E observé cómo mi hijo Marinín, acompañado de sus hermanos, reían e contaban cosas con su tío, aunque ninguno osó a sentarse en su regazo.

- “Tío Juan – preguntó Marinín -, decidme cómo os sentís hoy, que vuestra salud e vuestros dolores me preocupan”.

- “Quizá no lo creáis, criatura – díjole éste poniendo su mano en la cabeza del niño -, que aunque nunca me he roto hueso alguno en toda mi vida, pensé sería muy doloroso o molesto. Puedo deciros que, cuando caí en la escalera, sentí un dolor muy fuerte e que me decía: «Ilustrísima, se ha roto vuesa merced una pierna». El camino hasta Ronda fue más doloroso, hasta tal punto, que no sabía cómo poner la pierna para sentir menos dolor. De lo que me hicieron los médicos prefiero no acordarme, que a base de tirones, pusieron estos huesos en su sitio… Hablemos de otra cosa, mi pequeño, pues todo aqueso pasó e, una vez puesta esta funda de escayola e un calmante para el dolor, todo mejoró. Mas no entiendo que agora casi no me duela. Así, creo que no debéis preocuparon ninguno de vosotros por mí, que ando bien; aunque lo de «ando» es una forma de decir las cosas”.

E parecióme le hablaba Marinín en voz baja e le hacía una pregunta a la que Su Ilustrísima contestaba:

- “Sin duda debe ser eso, que bien sé lo dolorosa que es una pierna rota e, o la gente exagera o soy yo distinto”.

Así, parecióme colegir que Marinín comprobaba el efecto de su remedio y éste era bueno.

- Paréceme, Ilustrísima – le dije -, que es pronto para sentirse tan mejorado ¿Acaso habéis tomado algún calmante o una pasta para el dolor?”.

Dudó en su respuesta mirando a Marinín con disimulo e, tocando su pierna, me dijo:

- “En verdad os digo, sobrino, que si no sabéis vos el por qué de mi mejoría ¿Quién va a saberlo?”.

- “E decidme, Ilustrísima – contestelle -, remedio alguno he puesto yo ¿Revelaréis si alguien lo ha puesto?”.

- “¡No! – contestó confuso -, nada tengo que revelar, sino que la mejoría ha llegado antes de lo que se esperaba”.

- “¡Gracias, tío Juan! – díjole Marinín -, ya todos sabemos que pronto estaréis recuperado e corriendo con nosotros por los campos. Recordad que ha de venir la señora alcaldesa a estrenar esta casa e asistirá a misa en la capilla e que buscaremos todo aquello necesario para comenzar el temazcal que curará muchas más cosas además de huesos rotos”.

Sin duda, Marinín había sabido como hacernos saber a cada uno las medidas tomadas sin que ninguno hubiese hablado dello.

En Grazalema e a treinta de marzo del año de dos mil e ocho.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario