ióse en el desayuno un cruce de miradas, que todos estaban pendientes de las miradas de los otros. Sabíamos que Marcos e así mesmo los niños no iban a negarse a tan llamativa llamada a viajar, más tomándome Marcos aparte, manifestóme su preocupación por una misiva recebida en su estuche portátil donde se aseguraba que, en el ataque definitivo no quedaría con vida miembro alguno de la familia incluida Su ilustrísima y el servicio e describíase, sin mucho detalle, cómo se me daría a mí mesmo la muerte definitiva. E no queriendo Marcos dar más señas de lo trazado por el enemigo, propuso la huída, mas temporal, a otros países lejanos por saber que si yo no era encontrado, nada ocurriría al servicio.Con esto, fui yo el que avisé al inspector leonés e le dije no viniese. Convencer a Su Ilustrísima por salvarle la vida, sería lo más complejo, mas ya tenía también mi compañero forma de que se aviniese, aún en contra de su voluntad, pues si quedaba éste en Ronda, bien podría ser torturado o sacrificado.
Sentados por la mañana en el salón, dijimos a Su Ilustrísima que no era tal viaje el que una vez se trazó para los pequeños, sino uno mucho más largo para salvar todas nuestras vidas e que no ponía en peligro al servicio que, hasta ese momento, no sabía dónde nos hallaríamos cada día. E tenía Marco pensado un viaje de forma tal que no se nos pudiera seguir e que nos manutuviésemos en contacto con el inspector de León, sin decirle tampoco dónde nos encontrábamos, para preparar nuestra vuelta. Tal cosa significaba que, al regreso, debería yo estar preparado para dar muerte, de una sola vez, a todos los que nos acechaban; y el inspector se encargaría de hacer los preparativos.
Llegado el almuerzo, parecía presente en el aire del comedor cierta tensión hasta llegado el segundo plato.
- “He pensado – les dije – que me parece atinada e razonable la idea de Marcos, que en estando de viajes por tanto tiempo, más hemos de disfrutar de nuestra nueva casa cuando regresemos”.
Su Ilustrísima, haciendo como el que meditaba mientras los niños saltaban de su contento, esperó una pausa y así dijo:
- “Mañana mesmo hemos de hacer una misa en petición de favores, pues dispuesto estoy a acompañar a mi familia al viaje pensado”.
E fue tan grande la alegría, que salió todo el servicio por ver si algo ocurría, mas en ningún momento se habló de los lugares a donde nos dirigiríamos.
- Bien me parece que todos estemos en acuerdo – dijo Marcos – e, siendo así, prepárense las maletas esta mesma tarde e no se ponga en ella más que lo necesario para tres días, que en llegando a los lugares sorpresa, han de comprarse las ropas mejores de tales lugares, que no en todas las tierras se viste del mesmo modo. Y en llegando luego a una desde otra, se cambiarán por las del nuevo lugar e no volverán a usarse las nuestras hasta el momento del regreso”.
Omitió, por razones de seguridad, que el mesmo día primero de diciembre partiríamos a aquellas otras tierras fantásticas en vuelo desde Sevilla. E así, quiero que conste que, hasta la vuelta, no escribiré en este diario palabra alguna.
En Grazalema e a veinte y cinco de noviembre del año de dos mil e siete.


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