06 octubre, 2007

Del extraño suceso de la cena de la guardia (3/3)

odos estábamos ya en pie y expectantes por lo que iba a decir Marcos, cuando nos pidió excusas para salir al patio y visitar al servicio. Díle la venia aunque al inspector «no sé qué» no le gustase e todos le oímos preguntar a los niños en voz bien alta:

“¿Alguien ha salido desta casa esta tarde? Si así es, quiero saber la hora de salida y la de entrada”.

Acercóse Marinín a él e le dijo en voz bien clara e alta:

“Nadie, tío Marcos, nadie ha salido, que llave para el ascensor y portal no habemos”.

Fuése luego a hablar con el servicio e volvió seguro e tomó su sitio sin sentarse dirigiendo sus palabras al inspector:

“Supongo conocéis lo que es un «sistema de seguridad» ¿Yerro?”.

“Si tales artilugios no conociese a la perfección – le contestó altanero el inspector -, no estaría en el puesto en el que estoy”.

“En esta casa, inspector… - le dijo alzando la voz -, hay uno desos sistemas; el más moderno. Ni siquiera yo puedo, sin permiso de la guardia, demostraros que desta casa no ha salido nadie. Al pulsarse el primer botón, se memorizan las imágenes de quien llama abajo; al abrirse el portal también; así se hace durante la subida en el ascensor y hasta la llegada al zaguán. En las imágenes guardadas, podréis leer también fecha y hora de salida o entrada e ni a nosotros ni a la guardia que maneja tales artilugios nos está permitido cambiarlos en forma alguna, así, no se puede borrar ni añadir imagen ahí guardada”.

“¡Esas imágenes quiero ver, pardiez!” – gritó aquel hombre a Marcos que se mantuvo inexpresivo.

“Así se hará si lo demandáis, inspector… - aclaróle Marcos -, mas deberéis esperar a que venga el guardia que puede abrir la caja donde están esos datos e, para ello, hemos de llamar y, sin decir palabra alguna, nombrar dos números secretos de hasta cuatro cifras e dos nombres secretos”.

“¿A qué esperáis, Marcos? – le dije -; si puede demostrarse si alguien ha salido o no desta casa ¿a qué esperáis?”.

“Hay que llamar desde este teléfono fijo – dijo Marcos -, pues ya controlan si la llamada se hace desde esta casa”.

Dio aviso a algún número, esperó una pieza e dijo luego: «4371 6593 clara estudio». Vimos todos que hacía un gesto de sorpresa y escuchaba en silencio. Después, colgó sin decir nada más.

“¿No funciona vuestro sistema de seguridad, señor? – preguntó con sorna el inspector -. No veo una respuesta.

“Ni la veréis por mi parte si no quiero ser castigado – respondió -. Sentémonosnos y esperemos el resultado, que bien me parece que no conoce el «inspector» lo que es la seguridad”.

Así pasó una buena pieza hasta que entraron guardias con pistoletes: «¡Alto todo el mundo!».

Fue a llevar su mano al bolsillo el inspector y dijo que él era de la guardia, cuando el recién llegado, le apuntó a la frente: «¡Arriba las manos!».

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