rganizóse hoy sábado un cónclave en mi bufete, pues, habiéndome manifestado el inspector que todos los hombres más importantes de la guardia traidora cenarían el domingo en Sevilla, quise yo insinuarle sería el momento para dar salvación a nuestras vidas.“¡Loco estáis, excelencia – exclamó -, que seríais preso e muerto antes del anochecer!”.
Así, decidióse expusiese yo mi trazado ante el propio inspector – representando a la guardia -, don Justo e don Marcos representando a lo civil, e Su Ilustrísima representando a la Iglesia, por saber si debería llevarse a cabo.
“¿Qué decís? – exclamó Su Ilustrísima - ¿Pensáis quitar la vida a cincuenta almas como el que pisa un hormiguero?”.
“Mucho me temo, Marino – me dijo muy serio Marcos -, que si atravesáis con vuestro acero a cincuenta, todos pensarán habéis sido vos”.
“¿Con mi acero? – dije pensativo -. Acaso pudiese quitar la vida a cincuenta yo solo con mi acero e sin ayuda, mas pensaba yo en otro remedio y, ese remedio, no he de confesar hasta saber si sería atinada mi razón”.
Se oyeron murmullos como de espanto en la sala e siguieron las pláticas más de tres horas, hasta llegada la hora de la cena.
Aún jugaban los niños en el patio; les di aviso de que se aseasen e fuimos llamados al comedor. Hice advertencia de que nadie hablase del asunto pendiente durante la cena e delante de los niños e, después del refectorio, hubimos todos una amena plática con los pequeños en el patio e nos retiramos al descanso.
“¿En verdad en verdad – me susurró marcos mesando mis cabellos – daríais muerte a cincuenta sin haber sentimiento de arrepentimiento alguno?”.
“¡Ah, querido Marcos! – respondíle -; no he de pediros que contéis agora cuántas muertes llevo ya desde que me conocéis, mas si hubiese de arrepentirme por las muertes que llevo en mi vida, otra tan larga como esta debería vivir”.
“¿E ni siquiera yo – farfulló – puedo saber cómo lo haríais?”.
“No, mi querido compañero, no podéis – le dije -; empresa es esta que sólo yo puedo llevar a cabo e sabiendo, como pido, la opinión de mis más allegados. Veo que, por lo comentado, seguiremos huyendo. Descansad. Buenas noches”.
En Sevilla e a cinco de octubre del año de dos mil e siete.


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