esayunábamos de contento antes de acometer las tareas de cada uno, cuando me pidió Su Ilustrísima dijese a todos el trazado que sobre la reja de la fuente se había hecho.“Bien sabéis que no acostumbro a hablar mucho mientras yantamos – le dije -, pero ya que me lo pedís e sabiendo que luego los pequeños irán a sus estudios, he de manifestar mi contento por traer a Grazalema la reja forjada que una vez estuviese cerrando la Fuentefría. Siempre estará abierta, que no deseo quitar a las gentes el placer de beber esas aguas. Sépalo el servicio también, que hoy mesmo hablaré con la señora Alcaldesa para pedir licencia”.
“¿Tenía la fuente una reja que la cerraba, papá? – preguntó Antonio -, pues nunca he oído decir tal cosa”.
“No hay papel ni dibujo de cómo estaba – le dije – pero yo víla e disfrutéla como quiero se haga agora por todos. El agua que usaremos en la nueva casa será desa fuente e, robándole a Su Majestad el Emperador don Carlos V una idea para calentar su pequeño palacio de Yuste, habrá una caldera que caliente una parte del agua para la cocina, el aseo e mantener la casa templada todo el invierno, que ya sabéis hace frío a estas alturas”.
E díles una idea de cómo el agua caliente recorrería unos tubos que calentarían la casa completa sin haber chimenea e, por no tirar el agua caliente que la mantendría templada, volvería a pasar por la caldera e de allí otra vez a la casa.
Y en acabando el refectorio, sentáronse Su Ilustrísima e Marcos en el salón e fui yo al Ayuntamiento donde fui recebido con honores e pasé a haber unas pláticas con la señora Alcaldesa.
“Como grazalemeña y agora Alcaldesa desta villa, bien conozco su historia – dijo – e mucho he leído, mas, si he ser verdadera, aún sabiendo algo sobre aquella pequeña aldea de Fuentefría, nada sé de tal reja, sino que el cauce del pequeño Riofrío, que de tan fuente manaba, secóse al hacer la fuente”.
“Ningún documento tengo yo, señora – le aclaré -, ni escrito ni dibujado, donde pueda saberse cómo estaba la tal reja, mas, habiendo vivido yo aquellos años, recuerdo una escalera con peldaños de losa irregulares que subían desde mi casa (la antigüa) hasta la fuente. E sé también hizo mi padre algunos artilugios que con el agua entraban en acción, así, calentaba la casa con agua caliente de la fuente e no con chimenea e pasaba el agua por canales cerrados hasta la casa para que no se helase el agua y, rodeando este canal, había otro que llevaba agua caliente e volvía fría a la casa hasta la caldera”.
“Debió ser vuestro padre hombre de grandes conocimientos – espetó -, que aún hoy en día no se hace tal cosa e las aguas son aprovechadas una e otra vez hasta que la consumimos”.
“Pues la venia le pediría para poner la auténtica reja – que en Ronda se halla a buen recaudo – en el mesmo sitio donde estuvo; mas abierta siempre, que no quiero quitar el placer e la necesidad desas aguas a las gentes”.
“Presentadme proyecto de lo que se hará – dijo con amabilidad – e puedo aseguraros esa reja original volverá a su sitio”.
En Grazalema e a veinte de octubre del año de dos mil e siete.


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