espués de un día lluvioso, tormentoso e obscuro en el que jugamos con los pequeños por toda la casa, hubimos una cena callada e cansada e veíase en los ojos de los niños su deseo de ir a la cama a descansar. Marcos e yo nos retiramos a nuestros aposentos después de una bella despedida de besos y manifestaciones que nos llenaron de gozo.Yaciendo ya en la cama e mirando fijamente al dosel, dijo Marcos estar preocupado por la seguridad de todos en Sevilla.
“He recorrido muchas calles de Sevilla hoy, Marino – me dijo -, y por todas ellas debe irse a pie, que no sé por qué extraño motivo, este Ayuntamiento ya no permite vaya uno en coche, como en todas las ciudades del mundo, que la parte central de Sevilla es la mas grande de Europa e atravesarla a pie es fatigoso. Pero recorrer tantas calles andando me ha permitido observar que hay algunos desos hombres que siempre os han observado e, sabiendo estoy yo aquí, imaginarán estáis vos. Alertaros no quiero, querido amigo, mas estaría yo en guardia”.
“De lo que habláis – le dije – algo ya sé, que con sólo salir a tomar un café al bar Estrella, he visto hasta tres vigilantes. No temáis por lo visto; en guardia estoy y, esta vez, si alguien arremete, se hablará de una tragedia, mas no nuestra. Así que vea yo otra vez esas miradas extrañas e traidoras, lo sabrá el inspector De Lema e, sabiéndolo éste, sabrá también que si no espanta a tanta guardia traicionera, será el primero en encontrar la muerte”.
Saltó Marcos de la cama mirándome asustado con fijeza.
“¿Qué cosa decís? – exclamó - ¿Acaso pensáis en darle muerte al inspector?”.
“No tal – le dije -, que el inspector no hame hecho daño alguno, sino permitir que los traidores sigan acercándose a nosotros. Dejad que yo solucione los asuntos destos follones e trabajad vos en lo que conmigo os lleva, que no es sino la administración”.
“¡Mis niños! – farfulló - ¿Qué culpa puede echárseles a ellos de lo que ocurre? A Dios gracias en vuestra destreza confío”.
“¡Vamos! Besadme e abrazadme e durmamos, pues todo será resuelto para siempre”.
En Sevilla e a trece de septiembre del año de dos mil e siete.


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