10 septiembre, 2007

De los peces encerrados en el agua

os ojos brillantes de los pequeños destellaban con la luz que por la ventana entraba durante el almuerzo y María los miraba sonriente y feliz imaginando acaso que algún día tendría a uno como ellos sentado en su regazo.

“Casi nada veo falte en esta casa, papá – dijo Antonio -, e todo es nuevo e todo es cómodo e todo está en su sitio”.

“Si es así como lo veis, Antonio – le dije -, bien me parece, mas habéis dicho un «casi» que paréceme indica que alguna cosa os falta”.

“Pudiera deciros, papá – razonóme -, que ese «casi» podrían ser las cosas que acaso algún día veamos serían menester”.

“Mucho me alegra entonces lo que decís – le hice reverencia -, pues no era otra mi idea que teneros en un lugar donde nada os faltase y, estando en Sevilla, nada os ha de faltar en esta casa ni en la calle, que ya Marinín tiene muchos amigos”.

“A buscarlos iré – dijo Marinín decidido – e los traeré a esta casa para jugar”.

“Así lo prefiero, hijo – razoné -, que no dudo algo me dice que es mejor que juguéis en el patio”.

“Me gusta la fuente – dijo Carlitos -, pero sólo hay peces rojos y a mí me gustan plateados”.

“Tal vez, pequeño – le dije -, no ha llegado aún el barco que los trae y aparezcan una mañana nadando en esas aguas con los otros”.

“¿Es eso cierto? – se extrañó Antonio -; deberían venir los peces nadando e no en barcos, que son para los que no sabemos nadar”.

“Pudiera ser así – le dije -, mas está el río lejos y ellos no andan e les falta el agua. Traeremos esos peces plateados”.

“Yo mesmo he de traerlos esta tarde – dijo Marcos -, que bien sé dónde hay un lugar con peces de todos los colores, mas debéis prometer no ensuciar las aguas de la fuente e no hacer daño a tales criaturas. Aunque no hagáis esas labores, que son dificultosas, seréis los cuidadores de que las aguas no enturbien e de que no les falte alimento”.

“No estarán a disgusto – farfullé -, que ningún pez en el agua lo está, pero de ahí no podrán salir… o encontrarán la muerte”.

En Sevilla e a diez de septiembre del año de dos mil e siete.

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