08 septiembre, 2007

De la réplica de mi casa e la labor de doña Julia

artimos el día tercero deste mes de septiembre, Marcos e yo hacia Sevilla e fuimos al bufete de don Justo donde nos esperaban éste y doña Julia. E como el nuevo Ayuntamiento desta bella ciudad no permite agora pasen carruajes por las calles, hubimos de ir andando hasta la calle Estrella desde muy cerca del Puente de Triana. Al entrar en la parte donde estaba mi galpón, encontramos un edificio de raro color e más rara forma e quise yo desandar lo recorrido hasta que convencióme doña Julia de ver el interior de tal caja de ladrillos.

Entramos en aquella casa por una estrecha puerta que daba a un ancho zaguán e señalóme con disimulo la señora una puerta que parecía sin importancia, era muy pequeña y muy fuerte e bajaba a la parte escondida de los sótanos.

“Muchas e más bellas cosas se han descubierto, excelencia – espetó -, e no siendo estas ni mías ni suyas ni del Ayuntamiento, sino de la antigüa Sevilla romana arrasada por el moro, ahí deben conservarse para el placer de los que sabemos que existen”.

Frente a aquella puerta se encontraba el ascensor, a los que tengo respeto por parecerme ataúdes puestos en pie, mas al abrirse sus puertas, encontré una pequeña habitación muy bien decorada e cómoda; con cuadros y espejos e sillas. En un lado de la pared, había hasta dos botones numerados y, encima destos, una cerradura moderna.

Introdujo allí doña Julia una llave e advirtióme era esa la única forma de subir hasta la planta tercera, que toda ella no era sino un palacio pequeño. Movióse el ascensor una corta pieza e abriéronse las puertas. Ante nosotros, pude ver una copia – aunque más pequeña – del zaguán de mi casa, e allí entramos e pude ver con sorpresa a mano siniestra una cancela e tras ella un patio que era réplica del mío.

“¡Santo Dios, señora! – exclamé -, que siendo todo de menor tamaño paréceme ver mi casa”.

“El Ayuntamiento guarda copia de todo, excelencia – me dijo -, aunque no a todos se las da. La parte central de la casa, como podéis ver, es harto parecida a la original e la parte de servicios y estancias es más moderna y más cómoda”.

Recorrimos las habitaciones de estar a la derecha, hasta tres bufetes al fondo, las cocinas e hasta dos comedores e, luego, las estancias del servicio, las de los invitados y la de la familia, e fue tal mi sorpresa, que no dije más que se buscasen los muebles adecuados cuanto antes para pronto ocupar aquella belleza.

“Me he permitido, excelencia – dijo doña Julia -, sabiendo el mobiliario que en la otra casa existía, reservar en la mejor tienda de muebles de Sevilla, todo aquello que sería menester. Desta forma, excelencia, con vuestra sola conformidad, en cuatro días tendréis la casa para habitarla”.

“¡Voto a Dios que jamás he visto mujer con tal inteligencia! – exclamé -, que por lo que ya me ha dejado ver e los muebles que veremos antes de ser traídos, nunca buscaría a persona alguna, sino a ella, para cubrir mis necesidades en estas empresas”.

“Me halagáis, excelencia – me hizo reverencia -, e a vuestro servicio quedo si llegamos al acuerdo pecuniario”.

“Acordado queda – le dije seguro -, que aunque sé que habré de gastar media fortuna, bien me parece todo esto lo vale”.

“Fírmese pues el acuerdo – intervino don Justo – y déjese a esta señora acabe los detalles”.

“Hágase así – dije mirando con añoranza el patio – e que se tengan, sobre todo, en cuenta cómo irán dispuestas las habitaciones de mis pequeños e que nada falte en las estancias del servicio”.

Salí del edificio halagando la labor hecha e fuimos caminando hasta la tienda de muebles e ¡cuál no sería mi sorpresa!, al ver que allí estaban los mueles ordenados como estarían luego en la casa.

“Déjese a esta señora dé las últimas órdenes – ordené – e para el día nueve, que será domingo, llegará el servicio de temprano con su equipaje para hacer las compras necesarias. E nosotros pasaremos el día en Ronda haciendo compaña a Su Ilustrísima hasta la tarde, que quedará él allí en su hermosa casa hasta el día que quisiere venirse a conocer tal maravilla e disfrutar de su familia”.

Estampé mi rúbrica en muchos papeles, siempre en presencia del letrado, e se nos entregaron unas copias de las llaves que no deberíamos usar hasta el mesmo día nueve.

E ya llegados a Grazalema, manifesté a todos lo visto e oído e nos dispusimos a pasar unos días de holganza hasta el domingo, que hoy sábado se celebra en Grazalema el día de Nuestra Señora de los Ángeles y se hace procesión con fuegos encendidos al anochecer hasta su ermita, que es la que se encuentra a la llegada e cerca de los pinsapos que dan la bienvenida a esta villa.

En Grazalema e a ocho de septiembre del año de dos mil e siete.

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