entados ya a la mesa y en el orden establecido, se bendijo la mesa con pompa e ceremonia e fue encendiendo Ramón las candelas, que aunque algo de viento se movía, no llegaba a apagarlas.Se sirvieron los manjares e fueron de gran elogio, que así María como Ramón e todo el servicio habían puesto lo mejor de sí mesmos para ello. Y en terminando el desayuno, di licencia a los pequeños para levantarse de la mesa cuando fuese de su agrado e, viendo que aparecían los titereros con sus muñecos todos se acercaron a la escena y ésta se elevó como por la magia tomando forma de castillo de colores. E allí jugaron toda la mañana e saltaron e rieron e acabó Marinín viniendo a pedirnos la venia para refrescarse en las aguas de la piscina. E así les dije que se hiciera, mas usando las calzonas; e tal idea no fue muy de su agrado. Hablé entonces a todos los presentes e les dije era deseo de los niños tomar un baño como se toma en el río salvaje, sin llevar ropa alguna. E hubo comentarios, mas aceptóse la idea e mojáronse todos puños e cuello e saltaron a las aguas con sus juguetes flotantes. E seguimos los mayores en pláticas e tomando alguna copa, que de los manjares dulces del desayuno a los salados del medio día pasamos.
Así fue la fiesta hasta el almuerzo, que cambióse toda la mesa e las luces e la plata e la loza e se sirvieron otros manjares de la Serranía que fueron de gran gusto para los invitados. E se tomó café con dulces. Así pasado todo el día en yantar, platicar, reír e gozar de los pequeños, también se hizo una cena, aunque más tranquila e más corta. E retiráronse los invitados poco a poco en alabanzas a lo vivido e lo catado. E restamos con Su Ilustrísima en el salón otra pieza e hubimos oraciones al Santo Juan el Bautista, que con las aguas de los ríos del desierto e allí mesmo, en el río Jordán purificó a Jesús.
Hicieron los niños preguntas sobre este Santo Juan e narró Su Ilustrísima partes de su vida como cuento. E ya veíanse los sus ojos cerrarse poco a poco e los tomamos e los llevamos al descanso.
E siendo que hicimos viajes por toda la Serranía e pidióme Marcos dedicase cada minuto a mis hijos, a don Juan e a él mesmo. Hasta un mes dejé de escribir este mi diario que hoy continúo para solaz de todos.
En Grazalema e a dos de agosto del año de dos mil e siete.


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