22 junio, 2007

Del trazado del cumpleaños de Marinín

el cansancio de nuestro primer viaje a Banaoján, ni partimos al siguiente día ni escribí este mi diario, que hube de mostrar a los pequeños la Cueva de la Pileta desde la entrada a la parte final que ya hoy no se visita. Pensó Su Ilustrísima habíamos caído por una fosa o nos habíamos perdido, mas un nuevo guía llevábamos que bien la conocía, pues Eloy pasó a mejor vida en el año de 1996.

Hubimos luego apetitoso almuerzo en lugar fresco e silencioso e no vi a Su Ilustrísima antes yantar de tal forma, que estando apetitosas nuestras viandas, parecía querer probar e no olvidar cuanto nos fue servido.

Compramos chacina de aquella villa, que es tenida como la mejor de la Serranía e vimos al atardecer la entrada de la Cueva del Gato, que como boca de felino enorme se abre en la roca e hay que atravesar el río para llegar a la entrada e sumergirse en las aguas heladas para adentrarse.

Así, hemos descansado todos de viaje tan maravilloso y, de tal forma, que no hemos celebrado el día del Santo Luís sino en el cubierto del jardín e tomando algún baño.

Acercándose Marinín a mí e abrazándome como siempre, preguntóme cuándo sería el próximo viaje y, en oyendo esto Su Ilustrísima (que aún andaba agotado de andar, de mirar e de yantar), dijo que acercábase el día de San Juan, el día más largo del año, la fiesta en la finca de don Diego de Monteliz e, lo más importante, el cumpleaños de mi pequeño.

“¿Celebraremos mi cumpleaños, papá? – exclamó Marinín -; a la edad de Antonio me acerco.

“Se celebrará porque vos lo deseáis – le dije -, mas no pensad vais a alcanzar a Antonio en edad, que en poco ha de cumplir ya sus once”.

“Avisaremos a doña Pastora – me dijo -, que como su hijo me tiene también; e traeré a algunos de nuestros amigos e les invitaré a un baño”.

“Habed cuidado con aqueso – le dije -, que todos los niños del pueblo os conocen e no quiero convertir la piscina en lugar donde no se quepa”.

“Así será, papá – respondió seguro -, que sólo a cuatro dellos se lo diré e a los otros les compraremos dulces”.

“Preparemos entonces esa fiesta – aclaró Su Ilustrísima -, que no podremos estar aquí y en Ronda al mesmo tiempo”.

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