ubió Cayetano a retirar la bandeja del desayuno de Marcos e, luego de bajar todo a las cocinas, volvió para ayudarme a prepararlo. Se le quitaron las ropas e se aseó e le pusimos unas calzonas de baño e puso Cayetano sobre sus hombros una toalla grande. Mirábame Marino de gran contento cuando se fue poniendo en pie e, tomándolo entrambos por la cintura, bajamos las escaleras e me pareció muy recuperado.Hubo gran fiesta al llegar al jardín e hube de decir a los niños fuesen a sus juegos una pieza. Sentamos a mi compañero junto a Su Ilustrísima e se pusieron en pláticas e parecía Marcos no estaba ni había estado enfermo.
E con ellos me senté yo también hasta la hora del baño cuando sonó mi móvil:
“¿Excelencia? – preguntaron - ¿Sois vos?”.
“Si con Alacaída queréis hablar – contesté -, yo soy”.
“Acaso no recordéis ya a don Julio – hablaron -, el director de la escuela. Ese soy yo”.
“¡Don Julio! – exclamé -, pláceme oíros otra vez, que entre unas cosas e otras, parece nunca tengo tiempo de atenderos como os merecéis”.
“Algo sé de todo lo ocurrido hasta agora – dijo – e mucho me alegra volver a saludaros, pues el motivo de mi aviso es bien de interés”.
“Vos diréis, padre – le dije -, que aunque sea por pedir algún favor, vuestro aviso me conforta e, según veo por señas que se me hacen, hay aquí también quien quisiera saludaros”.
“Con gusto lo haré – aseguró -, que demasiado separado me parece estamos últimamente”.
“Decidme – continué - ¿Acaso hay novedad que debiéramos saber?”.
“Sin duda, excelencia – dijo al punto -, que aunque no entra en las normas desta casa, tengo un día en reserva para examinar a vuestros dos hijos mayores e, si examinan atinadamente, tendrán un certificado de haber pasado el tal examen”.
E me puse en pie al oír aquellas palabras antes de seguir hablando:
“No sabéis – le dije – cuán feliz me hace oír esas palabras. Vos diréis el día e la hora e pasaremos el día allí porque habléis con ellos e pasen examen, que seguro estoy lo pasarán”.
“Buena educación se les da – aseveró -, que deso tengo buenas noticias”.
E terminada la plática con don Julio, hube otra con Su Ilustrísima e Marcos e hubieron gran contento.
E llegada la hora del baño, besé a Marcos (ante una mirada inquisitiva de don Juan) e fuíme una pieza al baño con mis hijos, que volvieron luego con sus cuerpos húmedos e frescos a refrescar a su tío Marcos.
En Grazalema e a diez y seis de junio del año de dos mil e siete.


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