ejó sus lecturas Su Ilustrísima con un gran suspiro e cayeron sus brazos con el libro sobre su sotana.“Así es mi vida agora, sobrino – me dijo -, desde hace unos años. Mas estaba solo en la casa de Ronda e os tengo agora a vuesas mercedes. Ver a los niños en sus baños háceme dejar la lectura muchas veces”.
“Acostumbrado estáis ya – le dije – a esta vida tan sedentaria, mas empiezo yo a echar a faltar algún movimiento. Pienso llevaremos a los niños a Benaoján a ver la Cueva del Gato e la de La Pileta, que allí he de contarles grandes historias”.
“Si no os importa – dijo un tanto impresionado -, restaré yo afuera, que tanta obscuridad e tanto frío e tanta humedad, me dan ahogos”.
“Lo importante, Ilustrísima – le dije -, es que no pasemos todos los días aquí encerrados, sino que vayamos acá e acullá por ver cosas, que haberlas haylas. Seguiremos juntos, mas veremos maravillas de la Serranía e probaremos ricas viandas e suaves vinos”.
“En eso – contestó al punto -, no he de restar en la puerta, sino entrar al comedor e probar cuanto haya sin catar aún, que estando casi toda mi vida por estos montes, hay lugares que no conozco en su gastronomía”.
“Así pues – le dijo Marcos -, aprovechad estos días que viajemos, que seguro estoy de que el yantar es de no perdonar en estos pueblos. Luego, ya sabéis partiremos al viaje que se trazó”.
“Tal cual lo dice Marcos – le dije -, así será, que hemos de catar las chacinas e viandas de Montejaque, de Montecorto, de Benamahoma y el Bosque, de Zahara y, más allá, las de Benaocaz e Villaluenga del Rosario e Benaoján e Setenil de las Bodegas o El Gastor. Habremos de hacer una ruta para yantar, aunque las viandas de Ronda no es necesario las catéis, según creo”.
“¡Hijos míos en el Señor! – exclamó - ¿Veis la piscina llena de aguas?, pues así se está llenando mi boca e no quiero morir en ahogos. Pedid algún bocado, que por las viandas de Grazalema hemos de comenzar”.
En Grazalema e a diez y ocho de junio del año de dos mil e siete.


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