n llegando la hora del almuerzo, nos acercamos a la mesa e noté cómo Norberto quedábase rezagado:“¡Vamos, amigo! – le dije -, que quiero os sintáis como en vuestra casa”.
“Mucho me temo, capitán – respondióme -, que no va a ser aqueso cosa fácil, que nunca me he sentado a mesa de marqués e soy rudo”.
“Yo os mostraré cómo debéis comer en esta mesa – ofrecióse Antonio -, que tan sólo hace meses no sabía ni asir la cuchara de palo. No es dificultoso. Dejadme rompa el protocolo e me siente a vuestro lado. Os seré de ayuda”.
“Licencia tenéis para hacer eso – le dijo Su Ilustrísima -, mas no hagáis piense vuestro nuevo amigo e tío el protocolo es aquí tan rígido. Dejadlo se sienta e se siente como en su casa”.
E asistió con devoción a la bendición de los alimentos e fue el primero servido e hasta una pequeña e curiosa tarta preparó Ramón para él. E hubo gran gusto en yantar con nosotros e probar las viandas de la tierra.
Nos sentamos luego en el salón fresco a tomar café e hubo muchas pláticas con Su Ilustrísima e propuse dar un paseo al caer la tarde, que muchas e muy bellas cosas hay que ver en este pueblo, mas quiso aclarar debería volver a Sevilla por si era vigilado e neguéme a tal:
“Siendo mañana día grande – le dije – e siendo festivo aquí e allí, se os preparará una habitación e partiréis para Sevilla el viernes de mañana”.
“¡Capitán, os lo ruego! – exclamó -, no convencedme de tales cosas, que plácenme, os lo aseguro, mas temo a estos guardias de forma tal que no podéis imaginar”.
“Se os ha dicho – espetó Marcos -, no volváis a Sevilla. Daría yo el aviso de haber estado aquí usando el teléfono”.
“No conocéis a éstos. Con gusto abandonaría aquella vida e me quedaría con esta, mas siéndoos útil en alguna forma”.
E tras una pieza de silencio, le oímos decir:
“Vayamos paso a paso. Acepto quedarme hasta el viernes, que disfrutar destos niños e de vuesas mercedes es cosa a la que no puedo negarme. Haremos algún trazado para el resto”.
E hubo gran contento entre todos e pidió don Juan unos amarguillos de almendra de la tierra para que nuestro amigo tomase la nuestra como su casa.
En Grazalema e a seis de junio del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario