l manifestar a Marcos lo dicho por Norberto, vi se trocó su rostro como de alabastro (en estando ya moreno). Había que revisar las ropas del nuevo amigo por saber si había sido llevado allí con engaño. Así, nos dijo Norberto entraría en la habitación por tomar un cigarrillo, que en el bolsillo de su camisa estaban e, aprovechando tal ocasión, vería Marcos si había botón negro en su camisa.Corrimos los tres desnudos dentro de la casa e nos hizo señas Marcos de guardar completo silencio. Abrióse la puerta y entró Norberto canturreando hasta sus ropas e tomó los cigarrillos y el encendedor mientras Marcos miraba el filo del interior de su camisa: allí estaba el botón negro. Salimos de espacio e sin hacer otro ruido que el de cerrar la puerta e salimos al jardín.
“¿Qué haremos agora? – pregunté asustado -; han oído todas nuestras palabras hasta que se quitó la camisa e salimos aquí”.
“Marcos, amigo – le dijo Norberto -, vuestro bello cabello es un poco más largo que el nuestro. Mojadlo bien en agua e volvamos a la sala como a dejar el tabaco”.
Mojóse Marcos los cabellos e volvimos con sigilo e, haciendo como que dejaba el tabaco en el bolsillo, tomó la cabeza de Marcos e luego sus cabellos e dejó caer agua sobre el botón. Esperamos algo más e nos hizo señas de que buscásemos un mazo. Así se hizo e, tomando el botón con cuidado, lo sacó al jardín, lo puso sobre el empedrado e dióle tal golpe que se esparció en añicos.
“Tenemos que recordar agora – dijo – todo lo hablado que hayan podido oír, pues tengo que dar la novedad pasado mañana a medio día en Sevilla, que siendo el día del Corpus, aunque ninguno es creyente, bien que toman el día de descanso”.
“Lo que han oído – le dije – es suficiente para que piensen que me habéis dado el recado e que sois amigo mío”.
“Podría yo decirles – dijo asustado – que os mentí por mejor conoceros. Podría decirles que os he dado el recado e me he dejado convencer de venir a vuestra piscina por refrescarme e ver vuestra casa por dentro como intruso”.
“No me preocupa mucho eso – le dije quedo -, sino las palabras que os dije en la terraza del Tajo por invitaros a ver vuestro cuerpo”.
“Pues así me preocupan a mí – contestóme – el que sepan he aceptado por ver el vuestro. No recuerdo haber dicho nada más, que me ordenasteis callase, sino vuestras manifestaciones sobre esta preciosa villa”.
“Alguna explicación – le dije – tendréis que dar del momento en que deja de funcionar el tal botón. Quizá, nuestra conversación sobre «otras cosas», juegue a vuestro favor. Recordad que vos no sabíais lo traíais”.
“También es de razón – manifestóme -, que si no sabía lo traía escondido en la camisa, no he podido saber si se ha caído e perdido”.
“Aún así, Norberto – le dijo Marcos -, paréceme corre riesgo vuestra vida si volvéis a Sevilla. Aquí tenéis aposento e podéis sentiros a salvo e como en familia, que no hay más que observar vuestra mirada o ver cómo os quieren los niños por saber que venís de buena fe”.
“Sin duda es así, Marcos – le dije -, pues ya sabéis cómo Marinín siente a quien se le acerca”.
E acercándose Norberto a Marinín, agachóse e puso su rostro muy cerca del pequeño:
“Ojos como estos, pequeño – le dijo -, puedo aseguraros no he visto en mi vida”.
“Quedaos con notros, tío Norberto – le rogó Marinín -, que no me gusta volváis a Sevilla e nos dejéis solos”.
E oí farfullar a Su Ilustrísima:
“Lo dije, lo digo e lo seguiré diciendo; que en esta casa cada vez hay más tíos”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario