ún no era la hora de la cena e fuimos Marcos e yo a dar aviso de lo ocurrido cerca del Puerto Chico, mas ya sabía el sargento algo sangriento había ocurrido e había ido por si era accidente.“Mucho me temo, Mi Coronel – me dijo – que sé quién ha hecho esa matanza, mas no sé que hacer con los cadáveres”.
“¿Acaso no hay en Grazalema sitio alguno donde arrojar las basuras? – le pregunté enojado - ¿Preferís como el «chusco», que vos decís no existe, se use esa carroña para proteger a los buitres leonados en alimentándolos?”.
“Mi Coronel – me dijo – no este asunto de chanzas”.
“No lo es, no – contestéle -, mas tampoco me hace reír que vengan hasta seis hombres a darme muerte en este bello pueblo”.
“Más cosas hay que vos no sabéis – aclaró -, que esos asesinos eran todos guardias e traían el coche tan lleno de explosivos, que hubiesen volado vuestras dos casas e otras dos más. Se dará aviso de lo ocurrido, mas se dirá no se sabe qué pasó. ¿Tal vez un intento de robo?”.
“A fe, sargento – le dije -, que pensé que en viviendo en Grazalema no se me buscaría, que a nadie hago daño”.
“No hayáis cuidado, excelencia – me dijo intentando convencerme -, que aunque sea a escondidas hemos de vigilar todo el pueblo. Además, alguien sabe, e muy bien, que estáis aquí e vuestra dirección, mas teniendo yo órdenes dadas al correo no se entregue nada en vuestra casa sin antes ser revisado, aquí os entrego una carta cerrada que nada trae en su interior sino una carta. Leedla en vuestra intimidad e si fuere amenaza, dadme aviso”.
“Así lo haré, sargento – díle mi saludo -, e siempre he de estaros agradecido por lo que hacéis”.
“¡Por cierto, excelencia! – llamóme otra vez - ¿Cómo supisteis venían a daros muerte?”.
“Me lo dijo un pajarito, sargento”.
E volviendo a la casa, me entré en el bufete, encendí la lámpara e leí una carta de pocas letras:
“Nada comentéis de lo que estáis leyendo. No son estas letras sino para deciros que el día seis deste mes de junio he de haber unas pláticas con vos a solas. Condición es sólo haya palabras e no armas. Desarmado iré a encontraros a las diez de la mañana en la terraza del Tajo e desarmado os espero por asunto de gran importancia”.
E muy importante me pareció tal encuentro, que sabiendo podíaseme avisar por teléfono, por carta se había hecho. E me dispuse a ir a la cita.
En Grazalema e a cinco de junio del año de dos mil e siete.


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