n llegando Su Ilustrísima de la misa e antes del desayuno, acababa yo de asear a los pequeños e vestirlos e bajábamos en risas. Acudió Cayetano a la puerta y entró con doña Pastora.“¡Mirad, niños, quién os ha comprado hoy los calentitos! – exclamó don Juan -, que de la misa viene por hacerme compaña e no me ha dejado pagar”.
E bajaron e corrieron los niños de gran contento hasta su madre e dióles ésta un trozo a cada uno e ofrecióme uno como le ofreció a Su Ilustrísima.
“Mucho os lo agradezco, doña Pastora – le dije -, que aunque me he tomado mi jugo, el estómago ya me pide alimento. Pasemos al comedor, que creo también ha preparado hoy Ramón uno de sus extraños e deliciosos platos”.
E ya sentados y en desayunando, me decía don Juan que había tenido unas pláticas con el párroco, pues si se iba a dar el pan a los menesterosos, ofrecíase la parroquia a recogerlo e hacer el reparto, pues ¿quién mejor que la parroquia iba a saber las necesidades de cada familia?
“A fe que me siento con culpa de no haber pensado en la parroquia – le dije -, que no quiero nadie quede sin pan en este pueblo. He de decir esto a doña Carmen por darle aviso de lo trazado”.
“A Dios gracias, e a vuesa merced – me dijo doña Pastora -, quedan las piezas que yo había menester para otros. ¡Mirad, padre, mis niños! – dijo luego a Su Ilustrísima - ¿no os parecen más bellos agora que hace poco tiempo?”.
“Si he de deciros verdad – espetó don Juan -, la belleza me parece no se crea, sino se transforma; así como la energía. Antonio e Carlitos son bellos por dentro e por fuera e quizá aún aumente su belleza”.
“A vuesas mercedes debo esto – repitió doña Pastora -, que de no estar presentes en ciertos momentos…”.
“Dejad que Dios ponga su mano – le dije -, que así como vos sois feliz de verlos, somos felices nosotros de su disfrute”.
Y en esto entró Ramón en trayendo una bandeja con tostadas cuadradas e todas untadas con colores distintos e dibujadas por encima:
“¡Oy! – exclamó - ¡Cuánto churro junto e que bien huelen!, que aún liados en ese papel de estraza aparecen más bellos que mis tostadas”.
“Para el servicio vienen también – le dijo doña Pastora -; tomad la mitad dellos e lleváoslos si no queréis comerlos fríos”.
E ya marchando hacia las cocinas iba diciendo: «¡Esta casa es un lujo!”.
En Grazalema e a once de junio del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario