ino a mí por la tarde Antonio con misterio e me dijo si sería posible haber unas pláticas conmigo, así, nos entramos en el bufete, me senté a la mesa y sentóse él en mi regazo abrazándose a mi cuello.“Decidme, hijo – vi que callaba -, ¿de qué cosa queréis hablar?”.
“Cuando os gusta alguien e lo deseáis – dijo - ¿le mesáis los cabellos estando a solas?”.
“¡Claro, pequeño! – contestéle -, son gestos que deben hacerse en la intimidad, pero es normal queráis acariciar los cabellos de quien queréis”.
“¿E no se acarician por otra cosa? – preguntó con extraño -; tal vez por quitar el sudor?”.
“También se mesan por quitar el sudor – le dije -, mas no es eso lo que estáis preguntando, según entiendo”.
“¿Mesáis vos los cabellos de tío Marcos cuando estáis a solas – volvió a preguntar – o sólo lo hacéis por quitarle el sudor”.
“No sé qué cosa queréis saber, Antonio – adevertíle -, mas he de seros sincero, pues se pasa la mano por el cabello de alguien, como vos, por quitaros el sudor, mas se mesan e se acarician por haber algunos sentimientos que os lo piden. E sigo sin entender por qué preguntáis esto”.
“Cuando bajábamos de la ermita – me dijo -, paramos a la sombra de los pinos por descansar e vi a Norberto yacer sobre Marcos en la hierba y le mesaba los cabellos. ¿Es esto que Norberto ha sentimientos por tío Marcos?”.
No supe que contestar e, por no dejar aquella pregunta de mi niño sin respuesta, le dije:
“A veces, se hace esto como signo de amistad. No dadle importancia”.
“¿Tampoco cuando se hace esto a escondidas e se besan?”.
En Grazalema e a siete de junio del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario